lunes, 14 de mayo de 2018

Nada nuevo bajo el sol




No es por nada pero a mí me salen estupendas las albóndigas. Pero, aunque puedo presumir de ello (que lo hago), la cosa no es para tirar voladores. Sí, están muy buenas ¿Y qué? Solo cogí la receta de mi madre con una pequeña variante que me gustaba más (cambiarle la fritura de tomate por una de cebolla sola) y poco más. Y eso mismo hace todo aquel al que, como a mí, le gusta cocinar: una friturita por aquí, un chorrito de vino por allá, un manojo de hierbas que tengas en la despensa o en la huerta, y ¡tachaaaaán!, como si fuéramos Juan Tamarit, ahí tienes un conejo en salmorejo para mojar pan y chuparte los dedos después.

Con esto quiero decir que lo de la cocina -con toda la parafernalia de estrellas Michelín, los Master Chef y las redes sociales- se ha sobrevalorado mucho. Y hay quienes no dan sus recetas ni que les saquen la piel a tiras, alegando que son secretos de familia más importantes que las joyas de la corona; y hay quien, por el contrario, las pregona a los cuatro vientos, también como si fueran las joyas de la corona, que a veces parece -por el bombo que le da- que ha descubierto el secreto de la fusión fría. Y tampoco es eso.

Toda esta disquisición gastronómica viene a cuento porque la semana pasada el Gobierno sueco confesó, contrito y cariacontecido,  que sus famosas albóndigas, el plato nacional que sirven en todos los Ikeas del mundo, las mismas que yo comí enfrente del Mercado de pescado de Gotemburgo, en el Cafe du Nord (porque me aseguraron que eran las mejores de toda Suecia), esas mismas, no eran suecas suecas sino producto de una receta copiada a los turcos por el rey Carlos XII en un viaje que hizo a Turquía allá por el principio del siglo XVIII. Ooooooh, y ahí ven a los suecos consternados por tal noticia. "¿Habrá muchas más cosas que son de origen turco?", se pregunta uno, desolado. "Toda mi vida ha sido una mentira", tuitea un tal Johansson con desespero. "Ja, ja, ja ¡Hemos estado comiendo turco todos estos años sin darnos cuenta!", dice otro tomándoselo con humor. Y hay críticas a Ikea "que nos ha engañado" y golpes de pecho y casi una crisis nacional. 

Yo vuelvo a decir: "¿Y qué?" Mis recetas tampoco son mías. Cuando voy a una fiesta y me dicen que "por favor, trae tus maravillosos sandwichs de tomate" o "tu helado de Amaretto", yo sé, porque mis recetas llevan el nombre de quien me las dio, que los primeros figuran en mi cuaderno como "Sandwichs de tomate Pino" y el segundo como "Helado de Amaretto Nani". Y mis amigas Pino y Nani seguro que tampoco se las inventaron sino que otras personas, generosas y desprendidas como ellas, se las dieron también.

Y así es como funciona la cosa desde el principio, desde que ellos se iban a la caza del mamut y ellas, con lo que tenían a mano, guisaban, mezclaban, copiaban. innovaban, transmitían. Todo lo que comemos -lo crudo y lo cocido- ha viajado de un pueblo a otro por todo el mundo. El arroz de la paella, ese plato tan español, vino desde la India gracias a las incursiones de Alejandro Magno; los árabes lo cultivaron y trajeron el azafrán, y los romanos, la paellera. La calabaza, el tomate y las fresas vinieron de América. Y las dichosas albóndigas creo que las inventaron los chinos.

Al final, la verdadera inventora es la madre naturaleza. Y el mejor condimento ¿saben cuál es? El hambre 
¡Que les aproveche!


(La imagen inicial está tomada del Blog de cocina de Sergio Ribote García publicado el 12 de marzo pasado. Corresponde a "Albóndigas de rabo de toro" (yo como los suecos))

30 comentarios:

  1. Jajaja... ¿Sabes que con el tiempo y esa nueva diabetes senil que me han descubierto cada día soy más vaga en la cocina?
    Indudablemente sé hacer prácticamente de todo. He tenido épocas de euforia libanesa y otras de arroces y fideuás. Pero mi fama, la que me precede, son las croquetas, aunque hago como tú muy bien las albóndigas, que por cierto dan mucho trabajo, hasta las he hecho de chocos. Mi nieto ya va creciendo y siempre que me ve me recuerda, ¿hay croquetas, abuela? Las prefiero de pollo.
    Mi madre nos metió en el camino de la cocina y todo porque mi padre era un sibarita. Siempre en mi casa la cocina estaba llena de calderos y él elegía qué le apetecía cada día.
    Ahora ya mi madre no se acuerda de nada.
    Es muy significativo que vea a mi hermana, después de más de un mes y me la encuentre en la cocina de mi madre cocinando como una loca y me diga: Yoye, aprendí a hacer Carbonada belga y me quedó de maravilla, me traje la receta desde Bélgica en la cabeza; me la recitó en un momento.
    Ya me la sé de memoria también.
    Lo más que me enorgullece es que mis dos hijos son estupendos cocineros.

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    1. Las madres de antes eran así como la tuya: cocina a la carta. A mí mi madre no me hacía pasta porque no me gustaba, a mis hijos nada que tuviera col, si a alguno no le gustaba el hígado, para él otra cosa... Total, que la cocina siempre estaba llena de platos a gusto del comensal.
      En casa siempre ha sido lo contrario. Se come lo que se cocina ("esto son lentejas, si quieres, las tomas y si no, las dejas"). Sí se ha procurado hacer platos a gusto de todos, pero, cuando los padres trabajan fuera de la casa, hay que ir a lo práctico. Cuando hago croquetas, por ejemplo, hago 200 o más para congelar.
      Y ahora, con la jubilación y la edad, tampoco nos volvemos locos, la verdad. Mucho horno, mucho asado y muchas verduritas (hoy, por ejemplo, caballa al horno y verduras variadas también al horno).
      Cada época tiene su momento en la cocina. Pero si gusta, los que pasas en ella son especiales.

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  2. ¡Olé! Es que no se puede añadir más, Jane.
    Besos.

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    1. Gracias, Dorotea, y también por ese #FF dado un lunes.
      Un abrazo.

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  3. No puedo evitar intervenir, porque soy el creador de las, probablemente, mejores albóndigas del mundo. Las llamo "Albóndigas Alfonso XII" por la canción ("Albóndigas Alfonso XII, albóndigas triste de ti..."), y son un gozoso invento mío. Cómo soy generoso por naturaleza, te cederé la receta.

    Haces las albondiguillas a tu gusto; yo con una mezcla de añojo, cerdo y una punta de jamón, así como ajo, perejil y huevo. Las fríes. Luego lo importante: la salsa. Picas finamente cebolla y pimiento verde y lo sofríes. Pones en una cacerola un chorro de aceite y una lata de tomate triturado (mejor hacerlo con tomate natural, claro, pero es un latazo). Añades el sofrito al tomate y un par de cucharaditas de azúcar. Esta salsa es picante, así que puedes añadir guindilla, aunque yo prefiero pimienta de cayena, porque te permite graduar la intensidad del picor.

    Y ahora el truco: Tienes la salsa al fuego, cociendo a fuego suave, y le añades el toque mágico: dos cucharadas de Bovril. Luego, pasas la salsa por el pasapuré, le añades las albóndigas y lo tienes todo cociendo un rato a fuego lento. Si preparas este plato, compra mucho pan porque los comensales rebañarán que da gusto.

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    1. Ooooh, mil gracias por ese regalo que valoro como se merece. No creas que hay mucha gente dispuesta a dar su receta estrella (o si la dan, se callan el truco). Yo tenía una tía así y, en lugar de dar sus recetas a todo el mundo para que cuando las probaran se acordaran siempre de ella, se las guardó y ya de mayor las olvidó ¡Qué triste!
      La comida es, como dices, un acto gozoso. Inventar, probar, rectificar, transmitir... y compartirla con los que quieres brindando con un buen vaso de vino y rebañando como locos en el plato.
      Pasaré a mi cuaderno esas maravillosas albóndigas que, cómo no, se llamarán "Albóndigas Alfonso XII César".
      (También si alguna vez en una juerga cantamos la canción -a veces nos da la vena coplera- me acordaré de ti. Y también de las albóndigas).

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  4. Lo importante es que esté rico, que más da de donde viene, la cocina no es mi fuerte ni mi afición, así que voy copiando de aquí y de allá lo que me parece fácil y apetecible. Un abrazo amiga.

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    1. Pues yo, que he probado tus tortillas, doy fe de que esa copia de aquí y de allá la haces muy bien.
      Un abrazo, Ursulita.

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  5. Roberto González14 de mayo de 2018, 16:10

    Mi tupper, donde costumbre por favor.

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    1. Algún día, Roberto, habrá que hacer un estudio antropólogico llamado algo así como "El trasiego de tuppers de madres a hijos a través de los siglos". Incluiría un Apéndice sobre los tuppers perdidos.
      Marchando una de albóndigas cuando quieras :-D

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  6. Mari Carmen González Zamorano14 de mayo de 2018, 16:17

    Isa, todas sabemos cocinar lo que nos pongan delante y con buena materia prima, mejor. Pero hay platos en los que somos especialistas y otros que dejan mucho que desear. A mí cada vez que vamos a algún sitio me piden las croquetas y las empanadillas. Tengo que probar tus albóndigas, jajaja.

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    1. Una vez leí que la esencia de la dieta meditérranea es contemplar la materia prima en el plato y pensar que pronto pasará a tu espíritu, a formar parte de ti mismo. Por eso hay que elegir bien las verduras, el pescado, las frutas y luego, masticarlas lentamente y degustarlas bien. El hombre es lo que come.
      Pero al mismo tiempo saben mejor las cosas en compañía. Probar tus buenísimas empanadillas alargando el aperitivo mientras alegamos, reímos y brindamos es uno de esos momentos sublimes.
      Tengo que probar tus croquetas.

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  7. Carmen Paz Gutiérrez Arienza14 de mayo de 2018, 17:23

    Como siempre estupendo Isabel.
    Tampoco me quedan mal las albóndigas, tal como me enseñó mi madre, mis hijos y mis nietas dan buena cuenta de ellas y antes de irse pasan por la cocina con el tupper.

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    1. Yo creo, Carmen Paz, que, mientras haya personas que nos metamos en la cocina a hacer albóndigas o croquetas o una buena tortilla de papas y luego las compartamos en amor y compaña en torno a un mantel, el fin del mundo puede esperar.
      Y, por supuesto, que no falten los tuppers al final. Mis nietos siempre que viajan llevan un tupper de mis croquetas para el avión ¡Quién me iba a decir que iban a llegar tan a lo alto!
      Un abrazo y gracias.

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    2. Carmen Paz Gutiérrez Arienza14 de mayo de 2018, 18:06

      Mis tupper también vuelan a Madrid cada vez que mi hijo viene.
      Tienes razón Isabel, en torno a una mesa se pueden solucionar muchas cosas.

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    3. Los filósofos coinciden en eso, Carmen Paz. Uno de los mejores libros de Platón, "El banquete", transcurre precisamente en torno a una mesa. Hay comida y bebida, música y mucha conversación entre un grupo de comensales amigos. Durante la cena y la sobremesa se van contando historias y se van exponiendo opiniones, en este caso sobre el tema del amor. Casi como muchas comidas a las que vamos actualmente.
      Hasta Epicuro dijo: "Debemos buscar a alguien con quien comer y beber antes de buscar algo que comer y beber, pues comer solo es llevar la vida de un león o un lobo".
      (Me dio el filosófico :-D)

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  8. Tienen una pinta esas almóndigas...

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    1. Como hay que dar al César lo que es del César, la imagen no es de mis albóndigas (aunque la elegí porque se parecen), sino del Blog de cocina de Sergio Ribote García y corresponden a unas albóndigas de rabo de toro (la carne del rabo de toro se desmiga y se mezcla con la de res y la de cerdo). Y tienes razón, tienen una pinta estupenda.
      Lo de almóndigas lo tiene registrado la RAE desde 1726 en la primera edición del Diccionario, pero le siguen poniendo cara de fos a la palabra. A mí me gusta la etimología de "albóndiga" que leí en "El candidato melancólico" de José Antonio Millán. Tú la sabrás pero, por si hay alguien por ahí que no, ahí va. En griego se llamaba a la avellana "káryon póntikon", nuez póntica, es decir de la zona del Mar Negro. Se perdió la primera parte de la expresión y quedó solo "póntikon" que, a través del sirio pasó al árabe "búnduqa" que sigue siendo "avellana". El último paso es llamar así a las bolitas de carne que, al principio, fueron pequeñas como avellanas.
      Perdona el rollo pero me encanta ver lo viajeras que son las palabras.

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    2. Sonidos similares,grafías diferentes... ��
      Recuerdo que probé el rabo de toro en Ciudad Rodrigo( Salamanca) años ha...

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    3. Es verdad. Y el mismo significado.
      Yo tengo una amiga que lo hace muy bien y nos invita de vez en cuando. Mmmm, qué rico.

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  9. Pues yo quiero que me digas como haces esos deliciosos sandwhichs de tomates...

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    1. Son un poco detenosos, como decía el mago. Pero ahí va.
      Primero pelas tomates de ensalada, le quitas la granilla, los cortas en trocitos pequeños y los pones a escurrir en la nevera con sal fina y pimienta una cuantas horas (yo a veces los hago la noche anterior).
      Haces un alioli, bueno, un par de ajos majados con mayonesa.
      Partes el pan de molde sin corteza en cuatro trocitos y cada uno lo vas untando con la mayonesa. Y luego montas los sandwichs con el tomate.
      Los tienes que dejar en un recipiente forrado con un paño húmedo (yo lo forro con el paño y encima le pongo papel de cocina) un rato y sacarlos cuando los vayas a servir.
      Son muy fresquitos y nunca sobran.

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  10. María del Pino Wood Wood15 de mayo de 2018, 15:34

    Pues sí, Isa, me encanta que "mi gente" pueda disfrutar con las recetas que yo pueda aportar. Por otro lado, no entiendo a todas esas personas a las que les puede dar algo terrible si dan sus recetas; se las van allegar a tumba??? No creo que les sean muy útiles allí. " Hay que compartir, señores". Eso es lo que le digo a Gabriela, mi nieta mayor,para que sea una persona generosa. " Bien por los sándwiches de tomate". Bs

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    1. Sabrás, Pino, que son una de los aperitivos que más éxito ha tenido y no hay vez en que, al hacerlos, no me acuerde de ti. La generosidad es un valor que siempre tiene recompensa.
      Me recordaste a mis sobrinos nietos, Elena y Miguel. Una vez la abuela les trajo 6 caramelos para los dos y, en lo que iba a buscar a Elena, Miguel se mandó 4. Cuando llegó mi hermana se enfadó mucho y le quitó los 2 caramelos que quedaban. Miguel, cuando vio que la hermana se los iba a comer, le dijo todo serio: "Elena, hay que compartir" :-D
      Mil gracias por esa receta de sandwichs Pino. Son buenísimos.

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  11. Hola Jane. Pues estoy de acuerdo contigo.Las recetas tienen que salir de las libretas donde están anotadas y volar para que con el tiempo regresen a tus manos, y a ser posible que vengan mejoradas.
    Recuerdo una tarta de frutos secos cuya receta era "secreto nacional".Tuve acceso a la receta y ahora es plato de la familia, y algún día espero que mis hijos la hagan, así al menos cuando sea mayor podré disfrutar de un "recuerdo" que de manera transversal (palabra de moda donde las haya), me haga recordar a quien me dió la receta y a quien para mi gusto, la mejoró.
    Lo dicho, a seguir cocinando, compartiendo y riendo todo lo que se pueda. Un beso Jane. Juan

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    1. Tengo un primo (tú lo conoces bien) que dice lo mismo de los libros que se tienen. Una vez leídos, él los pone en su consulta (es médico) para que vuelen y no duerman el sueño de los justos en estantes polvorientos. Lo mismo pasa con las recetas de cocina. A volar y a despertar las papilas gustativas, cuantas más mejor.
      Y a seguir dando, que palabra de honor que es una de las cosas que más satisfacciones da.
      Un beso, Juan.

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  12. Con un poquito que escarbemos los orígenes culinarios empiezan a sorprendernos. Mi casa está repleta de libros gastronómicos y cursos de cocina, sin embargo, siempre recurro a mi apretado cartapacio, para recordar el pollo Pili, la fideuá de maru o el rollito de hojaldre Tío Evelio.
    Las demás, las recetas de familia con sus correspondientes trucos aún viven en mi memoria y no tengo inconveniente en revelar los secretos de cada plato. La generosidad comienza en la mesa.

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    1. ¡Qué razón tienes, Cande! Siempre recuerdo una de esas novelas que giran en torno a la cocina: "Como agua para chocolate" de Laura Esquivel. En ella, Tita, la protagonista, dice que para hacer platos ricos hay que hacerlos con amor y al final de cada capítulo pone las recetas maravillosas de los que salen de sus manos. Sí, la generosidad comienza en la mesa.
      A mí me pasa lo mismo que a ti: una estantería llena de libros de cocina y siempre voy a los que tengo apuntados en cuadernos en mi despensa. Y siempre que hago alguna innovación que me gusta, ahí me ves poniendo notitas ("puse papas fritas en lugar de guisarlas con la caldereta" o "mejor, con orégano" o "también añadí champiñones") :-D

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  13. La Cándidaeréndira16 de mayo de 2018, 18:43

    Querida Jane: ¡qué curioso lo de las albóndigas y el gobierno sueco.
    Igual renunciaron a la autoría de sus mundialmente famosas bolas de carne (no tan ricas, por cierto) en favor de los turcos, sin antes estudiar a fondo el origen de las mismas, porque bolitas de carne, pescado o verduras; guisadas, fritas horneadas etc., aparecen en la mayoría de las culturas desde extremo oriente hasta occidente.
    Apicio, el célebre gastrónomo romano del siglo I después d. C., nos dejó recetas de albóndigas (en latín Isicias) en su libro De re coquinaria. Bien es verdad que la palabra albóndiga si es de origen árabe...
    Pero no perdamos de vista a esos vikingos del norte...
    Hartos de pasar penurias, hambre y frío en su tierra, se lanzaron hacia tierras desconocidas por Europa. Con sus drakkar llegaron a Sicilia y hasta Constantinopla, donde sirvieron como aguerridos mercenarios en la corte de los emperadores bizantinos, formando la Guardia Varega, más o menos desde el siglo X al XIII con la Cuarta Cruzada.
    Seguramente en esa refinada corte, comerían los más exquisitos manjares y entre ellos, las bolas de carne, que ya se consumían en el Imperio Romano de Occidente y puede que si algunos de ellos retornaron a sus tierras de origen, se llevarían consigo esas recetas.
    Cuando en 1453 los turcos otomanos conquistaron Constantinopla y la rebautizaron como Estambul, se unirían lo mejor de las dos culturas.
    Un poco más tarde, los turcos intentaron conquistar Europa, llegaron hasta Austria y pusieron sitio a Viena durante años... Al final fueron vencidos y abandonaron el cerco.
    De esa presencia turca le quedó a Viena (entre otras cosas), el gusto por el café y su famoso strudel que se hace con un hojaldre muy fino que es la pasta filo, también de origen otomano y muy extendido por Turquía, Grecia y el resto de los Balcanes.
    Gracias a los turcos tenemos muchas cosas, pero las albóndigas seguramente no,
    ni tampoco los famosos Baños Turcos que son una herencia romana de las Termas... (como siempre me voy por las ramas)

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    1. Como siempre, Cándidaeréndira, tú tan puesta en todo lo cultural. No me extraña nada que hayan sido los hombres del norte los primeros que probaron las albóndigas turcas, al fin y al cabo. Y seguro que muchos pueblos antes que ellos ya hacían bolitas de carne. Leí por algún lado que los primeros fueron los chinos pero vete tú a saber. Es cierto que unido a los combates, los caballos, las conquistas, los éxodos... iba siempre un equipaje de comidas, lenguas, costumbres... extendiéndose por todo el mundo. A los canarios todo o casi todo nos vino por el mar.
      Lo que sí creo es que la palabra "albóndiga" la tomaron los árabes de los griegos, por esa explicación tan curiosa e interesante que da José Antonio Millán en "El candidato melancólico" y que puse más arriba en la contestación a Monaco Borsieri.
      Estoy de acuerdo contigo en que tampoco es para tanto lo de las albóndigas suecas. Sí, estaban buenas pero las de mi madre estaban mejor.
      Me encanta que te vayas por las ramas...

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