lunes, 11 de diciembre de 2017

Tiempos Heroicos




Hay un dicho, creo que de Alfonso X el Sabio, que reza:  "Viejos leños para quemar, viejos libros para leer, viejos vinos para beber, viejos amigos para conversar". Si ustedes se identifican con esta cita es porque también han vivido Tiempos Heroicos, unos tiempos que siempre salen a colación cuando nos reunimos esos viejos amigos (a lo mejor, mientras nos tomamos uno de esos viejos vinos y hay un viejo leño quemándose en la chimenea). Los Tiempos Heroicos pueden ser la mili, o el tener que ir caminando de Vallehermoso a Valle Gran Rey a través de las montañas (como me cuenta mi amiga Consuelo), o la guerra para nuestros mayores, o los primeros años en que nos buscamos la vida lejos de la protección de nuestros padres...

Esta semana cenamos en casa de Miguel Ángel, uno de esos viejos y queridos amigos. Mientras comíamos una carne a la piedra en el bello comedor acristalado de su casa guamasera -noche de luna llena sobre el césped y el perfil sombreado del Teide al fondo-, mi marido y él (ante el regocijo de Ana, su pareja, y mío) rememoraban los Tiempos Heroicos en los que compartieron la carrera de Físicas en Madrid y, sobre todo, la estancia en el Colegio Mayor San Juan Evangelista.

El San Juan, el Johnny para todos, entonces, allá por el año 66, ni estaba terminado. El director reunió a los 400 alumnos que estaban apuntados y les dijo que les habían cortado los créditos y que, si ellos aceptaban pagar las mensualidades y vivir allí en las condiciones precarias en que estaba el colegio, tal vez podrían seguir adelante y sobrevivir. De los 400, sólo ciento y pico valientes dijeron que sí y empezaron el curso 66 en noviembre, con las escaleras en construcción, sin calefacción ni agua caliente. No había ascensor, ni cafetería ni comedor, y ni, mucho menos, canchas. La habitación solo tenía la cama y el armario, pero sin baldas ni gavetas. No estaba ni la mesa ni la silla ni las estanterías que tan necesarias son para estudiar. Los cristales de las ventanas estaban con los papeles pegados y sucios de la obra, que ellos tuvieron que despegar y limpiar. El Johnny fue el primer colegio que instauró el autoservicio: nada de personal de limpieza, sino que eran los propios alumnos los que limpiaban su habitación y se lavaban su ropa, incluida la de la cama. Ese año pasaron más frío que vergüenza, pero el Colegio se terminó y se inauguró oficialmente en el curso 67-68.

Pero incluso así, el San Juan tuvo desde ese inicio intrépido el sello que lo caracterizó siempre: una vida cultural plena que lo convirtió en uno de los espacios de libertad del Madrid de la época. Miguel Ángel, que fue uno de esos ciento y pico fundadores (mi marido llegó un año después), recordaba ver ese año a Nuria Espert, sentada en una de las salas (supongo que bien abrigada, eso sí), recitando las "Nanas de la cebolla" de Miguel Hernández. Otra vez fue Ramón Tamames, que hizo una crítica encendida al capitalismo, con lo cual inmediatamente se pidió que fuera un banquero a defenderlo. Todas las charlas acababan en diálogo, en exposición de otras ideas, en nuevas preguntas y no se aceptaba nada porque sí. Se veían películas que estaban superprohíbidas (yo vi allí "El acorazado Potemkin" de Eisenstein, que por otra parte me aburrió) y, al lado de portería, había un punto de venta de libros que no encontrabas en ningún otro sitio (no necesariamente "peligrosos": Neruda, sin ir más lejos). Mi marido y yo recordábamos que fue en el San Juan, en el año 70, auspiciado por el Club de Música y Jazz del Colegio, donde oímos uno de los primeros festivales de jazz de España. Allí estaban Teté Montoliú, Donna Hightower, Pedro Iturralde... Una gozada.

Fue una noche memorable, para recordarla y para recordar Tiempos Heroicos. Sí es verdad que parecíamos los abuelos Cebolleta, resucitando hechos de hace 50 años que, sin embargo, no veíamos muy lejanos. Un Tiempo Heroico es siempre aquel en que hicimos cosas que ahora no haríamos, ni siquiera con una pistola en el pecho. Pero qué bueno es saber y recordar que alguna vez las hicimos y, sobre todo, que nos lo pasábamos pipa haciéndolas.

(En la foto inicial, el Colegio Mayor San Juan Evangelista. El Johnny para los amigos)

8 comentarios:

  1. Hola Jane. Es verdad, cuando uno se reúne con viejos amigos ( y amigas) después de ponerse al día de los padres(pocos) y de los hijos, siempre se llega a los Tiempos Heroícos. En mi caso puede ser de aquella vez en que aparecieron con un pato que habían cogido en la Plaza de la Catedral y que pusieron al horno para cenar: Salió un poco duro, tras 6 horas al horno estaba como una piedra.
    O aquella primera vez que salimos los 6 inquilinos de la pensión del "Ministro" (junto a Casa Micaela) y nos echamos unas cuartas de vino con vino y manises con cáscara en el Bodegón Méndez, y que tras llegar a cenar a la pensión, uno de nosotros fue al baño y tras 20 minutos sin aparecer, lo encontramos cuán largo era, en el suelo con la cabeza entre la cisterna y la pared. Borracho, pero vivo.
    Tiempos Heroícos que no volverán pero que mereció la pena vivir, aunque sólo sea para contar y recordar. Un beso Jane. Juan

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    1. En este post yo no he contado casi nada de "mis" tiempos heroicos porque ya llevo 400 y pico rollitos hablando de ellos muchas veces. Sí que compartí parte de lo que vivieron Miguel Ángel y mi marido, entonces mi novio, en el San Juan. Mi colegio Mayor estaba unos metros más allá y los dos colegios confraternizábamos mucho jejeje.
      Pero me han encantado los dos ejemplos de TH (tiempos heroicos) que cuentas porque son justamente de esas cosas de las que se habla cuando estás con los amigos, sobre todo con los que los han compartido ¡Me puedo imaginar las risas si estás con los comensales del célebre pato de la Plaza de la Catedral!
      ¡Y qué bien se pasa en esos buenos ratos con amigos de confianza! Que nunca nos falten, Juan.
      Un beso.

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  2. Me viene a la memoria cuando salíamos a la calle a jugar a la pelota, en particular al brilé, y teníamos que recoger la pelota porque venía un coche. Nuestros padres tranquilos porque sabían que en la calle estábamos seguras. Todo lo más que nos podía ocurrir era que nos hiciéramos una rozadura en la rodilla, lo cual se curaba con una tirita y un chorrito de agua oxigenada.
    También recuerdo cuando empecé a trabajar, que no había suficientes sillas ni mesas ni máquinas de escribir, y tenía que compartir mobiliario y herramientas con un compañero. O sea que cuando uno utilizaba la máquina de escribir el otro se quedaba de pie. Se iba a dar una vuelta por otra sección o a tomar un café...
    No voy a decir que cualquier tiempo pasado fue mejor. Diría que cualquier tiempo pasado fue anterior, como diría Groucho Marx. Lo que es cierto es que recuerdo con agrado aquellos tiempos de sosiego en los que nuestros padres no tenían que estar preocupados por si no vienes, o por qué le habrá pasado. En fin, fue lo que nos tocó y me place enormemente porque fue una época feliz.

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    1. Los TH tenían sus cosas buenas y sus cosas malas (como todos los tiempos). Había más seguridad porque esto era un pueblo y casi todo el mundo se conocía. También nos adaptábamos a lo que había sin armar mucho jaleo por ello. A mi amigo, que fue vicerrector de la Universidad, una vez una representación de estudiantes de un Colegio Mayor le fue a protestar diciéndole: "¡Usted no sabe lo que es compartir un baño entre 2 personas!". Y él pensaba: "¡Si yo te contara!".
      Yo también compartí los TH del brilé en la calle (en mi caso en la calle del Pilar) y las precariedades cuando empezamos a trabajar. Como dices, es lo que nos tocó y cada vez que nos juntamos las de esa época nos damos cuenta de que tuvimos vivencias parecidas. No hay nada como compartirlas y compararlas añadiendo detalles nuevos y divertidos.
      Yo también tuve una infancia feliz.
      Un abrazo, Ani.

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  3. En cuanto tenemos unas cuantas experiencias y nos reunimos con el grupo de amigos con los que las vivimos, ya parecemos abuelos y abuelas cebolletas, tengamos la edad que tengamos. Cómo nos gusta rememorar.

    La historia de este colegio mayor, increíble. Incluso la de los últimos años. Gracias por descubrírmela.

    Un abrazo.

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    1. Sí que ha tenido una historia increíble. Por allí han pasado todas la compañías de teatro importantes en España y un montón de autores y actores. Camarón de la isla dio allí su último concierto, por ejemplo.
      Por eso, por ser un referente cultural en nuestro país es por lo que da tanta pena su cierre en 2014, cierre que creo que sigue. En 2015 sé que había dentro un colectivo de 250 okupas que, como patrimonio histórico que lo consideraban, querían abrirlo al barrio y protegerlo. Pero también hay una Fundación formada por antiguos alumnos que busca otra solución para el Johnny. En fin, un embrollo legal y un abandono penoso de un lugar emblemático. A ver en qué para...
      Es uno de los gustazos de la vida rememorar, volver a vivir el pasado glorioso. Y que sigamos haciéndolo por muchos años.
      Un abrazo, Dorotea.

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  4. Pues si. El San Juan fue un enorme Colegio Mayor.
    Yo estuve dos años, los cursos 71-72 y 72-73. Hasta ese entonces ya llevaba seis años en la Universidad y debo reconocer que después de haber pasado por el Colegio fue cuando me creí universitario de verdad. Estuve con anterioridad en La Laguna desde el 65 al 69 y en Las Palmas de Gran Canaria desde el 69 al 71 y realmente era un buen estudiante de texto nada más. A Madríd fui a estudiar una segunda carrera.
    Por aquel entonces se respiraba mucha cultura y sobre todo política de la buena, política limpia, de la luchadora contra el dictador que ya estaba en las últimas.
    En cuanto a la cultura, se creaban comisiones entre los colegiales para organizar eventos que nos abría nuestras mentes. Hablo de conferencias (algunas políticas), exposiciones, cine del bueno (el que se denominaba de Arte y Ensayo, películas como Octubre, El Acorazado, Rebelión...), música de jazz buenísima (tu lo has dicho) y flamenco también del bueno (el gran Meneses, Paco de Lucía..., muchos, muchos cantaores y guitarristas). La contrapartida es que estudiar, lo que se dice estudiar, poco. Pero gracias al San Juan tengo una sensibilidad que nunca hubiera conseguido. Hice muchos amigos que todavía conecto con ellos.
    Y no digamos de la cantidad de colegiales que fueron detenidos porque estaban comprometidos con la política antifascista. Recuerdo al famoso Billy El Niño que le encantaba ponerse en el pasillo entre la recepción y los ascensores para irnos fichando uno a uno y al que no le gustaba la cara le hacía una señal al correspondiente gris para que le diera un porrazo. Era un auténtico hijo de puta. Tengo muchos recuerdos de esos días de lucha.
    El edificio fue premio nacional de Arquitectura, no sólo por su coste económico sino por como estaba pensado para la conexión entre las plantas, los seminarios, la biblioteca, la sala de música, etc. Hoy día ya no funciona como Colegio Mayor y está lleno de ocupas. Una pena que vayan a demolerlo, según me han dicho.

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    1. Cuando tú llegabas, nos íbamos nosotros. Mi marido estuvo desde el curso 68-69 al 70-71. Tres años en los que tuvo la misma impresión que tú sobre lo que significó el colegio.
      Tú te perdiste el Estado de Excepción en el año 70 que para el Colegio fue un desastre por la cantidad de estudiantes detenidos. En todos sitios conectábamos con las emisoras de la Policía y nos enterábamos de las detenciones y de las carreras. Veíamos a chicos saltando de la azotea de las cocinas al colegio de al lado y olíamos el humo de la cantidad de papeles que se quemaron. Fueron tiempos oscuros pero todos sentíamos que estábamos cambiando algo en el panorama del país.
      ¿Cómo pueden demoler un edificio así? Cuando lo cerraron sé que hubo mucha gente conocida que se pronunció a favor de salvarlo. Es necesario como colegio, es histórico, es un edificio galardonado por su arquitectura... ¿Por qué no se hace nada? Hay cosas que no entiendo.

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