lunes, 13 de noviembre de 2017

Gente que influye




Y no me refiero con este título a peces gordos de la economía o de la política. Ni tampoco a esa cosa que ahora llaman influencers, sea lo que sea eso. No, me refiero a aquella persona que muchos de nosotros hemos conocido en las primeras etapas de la vida y que, de alguna manera, fue importante y marcó nuestro camino. Gente, como el George Bailey de "¡Qué bello es vivir!", que, si no hubiera nacido, ahora los demás no seríamos los mismos.

Tengo un libro que habla de gente así. Se llama "Mi infancia son recuerdos..." y es un conjunto de relatos -coordinado por Josefina Aldecoa- de distintos autores y famosos, voces diferentes que recuerdan "el papel inolvidable de un maestro que en uno u otro momento de nuestra infancia o adolescencia ha sido decisivo para nosotros". Y así, en el libro se ven las deudas de gratitud de Emilio Aragón hacia el profesor que le hizo disfrutar de la lectura, de Concha García Campoy a su profesora porque "ella fue la primera en mirarme con otros ojos", de Fernando Fernán Gómez a la actriz Carmen Seco que le enseñó a recitar versos, de Emilio Lledó al profesor que le preguntaba "¿Qué te sugiere?" tras la lectura de un pasaje del Quijote ("un paso esencial para aprender a pensar, para aprender a ser"), de Manuel Toharia hacia quién le inspiró la curiosidad por la ciencia, o de Fernando Savater hacia quien le enseñó a no mentir.

Cuando he preguntado a mis amigos, casi todos reconocen a alguien así, en su vida. Todos hemos tenido excelentes profesores que amaban su trabajo (y también otros que se equivocaron de profesión y que nunca tendrían que haber dado clase). Pero cuando yo pienso en aquellos años del colegio y en alguien que pueda haberme enseñado algo importante, quien me viene a la cabeza es una monja, la Madre Concepción, que ni siquiera me dio clase.

Nuestra relación con las monjas solía ser de "guerra fría". Desde los 10 años a los 16, durante el Bachillerato, las monjas no nos daban clase sino que eran nuestras cuidadoras. Ellas nos llevaban del patio a la clase o a la capilla procurando que formáramos perfectas filas, supervisaban el aula de estudio para que no habláramos (¿se puede encerrar el agua del mar?), nos castigaban frecuentemente cuando no hacíamos todas esas cosas y, en general, hacían el papel de soldados guardianes hacia los que abrigábamos escasa simpatía (y ellas igual hacia nosotras). Pero cuando teníamos 14 o 15 años, vino al colegio una nueva Directora que nos sorprendió tratándonos como seres humanos adultos.

La Madre Concepción (la Madre Concha la llamábamos entre nosotras) tenía alrededor de 30 años en esa época. Era una mujer alta, guapa y con clase a la que nunca vimos un mal gesto. Nos hablaba, no en plan "coleguita" ni en plan sargento, sino con la naturalidad y el respeto con los que se debe hablar a una persona hecha y derecha. Y a nosotras en su presencia ni se nos ocurría mentirle y hasta le contábamos nuestras trastadas, como la vez que nos habíamos fugado del colegio y cómo luego habíamos vuelto a entrar (porque lo emocionante era la fuga en sí). Tenemos fotos con ella en las excursiones que hacíamos al Teide y, cuando a final de 6º nos fuimos del colegio, ella fue la que nos acompañó en nuestra última comida en común. Cuando años después fui profesora, el recuerdo de su actitud y trato hacia nosotras fue un ejemplo al que acudir cuando me veía enfrente de un montón de adolescentes ante los que tenía que hacer el papel de profesor. Como ella, supe siempre que, si tratas con respeto a una persona, tenga la edad que tenga, ella también te respetará.

Muchas veces en la vida al cabo de los años pensamos en esas personas que nos han influido casi sin ser nosotros conscientes de ello en su momento. Nos damos cuenta después, cuando asumimos que nunca jamás las volveremos a ver, de que fueron importantes, y lamentamos no habérselo agradecido entonces. Pero en este caso, hace cosa de un par de meses en una de las comidas que hacemos regularmente mis amigas del colegio y yo, Eli, que vive en Las Palmas pero que casi nunca se pierde una, nos apareció con una amiga suya, mayor que nosotras. Nada más verla, y aunque habían pasado más de 50 años, supe que era la Madre Concepción.

La Madre Concepción, Concha ahora para nosotras, tiene 87 años y sigue siendo la persona cercana y elegante que era entonces. Con el espíritu y la voz todavía joven que recordábamos, nos contó que, después de aquellos años del colegio, había estado en varios sitios, entre ellos en algunos países de América; que hacía 30 años que ya no era monja y que ahora vive tranquila con su hermana en Las Palmas. Le gusta leer y la música (tiene la carrera de piano), y sale y juega a la canasta cada semana con sus amigas. Estaba verdaderamente contenta de vernos y asombrada de que la recordáramos con tanto cariño.

Hay un proverbio chino que dice: "Cuando bebas agua, recuerda la fuente". Es bueno recordar las fuentes de las que partimos, pero todavía es mejor que la vida te brinde, como ahora, la oportunidad de dar las gracias a quienes, aun sin saberlo, han influido en nosotros ayudándonos a ser como somos. Y este escrito es una forma como otra cualquiera de hacerlo. Gracias, Madre Concha.

48 comentarios:

  1. Yo no la conocí, ya no estaba en el colegio.
    La vi por primera vez en la comida pero sigue siendo guapa alta y elegante.

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    1. Según me dijo, Mandi, desde el año 59 al 64 estuvo en nuestro colegio, así que sí coincidió contigo. Lo que pasa es que, no sé por qué, yo tampoco la recuerdo sino a partir del bachiller superior, cuando tú ya te habías ido. Imagino que esos 2 años fue el tiempo en que fue Directora del colegio y tuvo más presencia en nuestras vidas.
      Yo también pienso que sigue siendo guapa con sus 87 años. Tal vez por la serenidad que transmite o, como una vez leí en una novela de Agatha Christie, porque hay bellezas que persisten incluso cuando se es ya anciana: son los huesos los que son hermosos, decía ella de la protagonista de su novela "Hacia cero".

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  2. Yo tuve una con cierta similitud, pero...qué pena. Me defraudó TANTO por un hecho concreto que dió la vuelta a la tortilla. Fue crucial en mi pensamiento de las personas. De la admiración a "no entender nada"...( También era monja).

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    1. Leí hace poco una frase de Aristóteles (él tan pragmático) que decía: "Las personas perfectas no hieren, no cometen errores, no mienten... y no existen". Sabemos que cualquiera, por mucho que lo quieras, te puede defraudar cuando no responde a tus expectativas.
      Y es que ¡a veces sabemos tan poco de los demás! Realmente no sé casi nada de la Madre Concha, solo el impacto que produjo en nosotras (o por lo menos en mí) el ver que un adulto no nos trataba como niñas.
      Por eso soy muy poco dada a mitificar. Muchas ídolos pueden tener los pies de barro. Pero sí soy dada a apreciar las buenas cualidades de aquellos con los que me encuentro.
      Un abrazo, Elvira.

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  3. La recuerdo tocando el órgano cuando yo era del coro. Era diferente a las otras. Con clase.

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    1. Eso fue, Merci, lo que nos llamó la atención. No era una monja al uso. Cuando nos dijo que hacía mucho tiempo que ya no era monja, no nos extrañó en absoluto ¿Sabes que se ha puesto a aprender informática?

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  4. Yo tb tuve la suerte de conocerla! Como tú dices su humanidad era su carnet de identidad!

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    1. Y creo que es la característica fundamental de un docente. Conocí a uno que, aparte de obligar a que sus alumnos lo trataran de usted (como si eso decidiera el respeto a su persona), los trataba como si él fuera el virrey de la China y ellos sus pobres servidores. El "soy hombre y nada de lo humano me es ajeno" de Terencio ni le sonaba.

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  5. Ni se puede decir más, ni mejor. Enhorabuena. Un abrazo amiga.

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    1. Gracias, Ursulita. Las que compartimos curso y experiencias también nos identificamos en los recuerdos.
      Un abrazo grande.

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  6. Yo recuerdo siempre a la madre Concepción, tocando el órgano en la capilla del colegio, y cuando te ponías cerca de ella y tenía que cantar algun amén y te hacía señas para que la acompañaras. Que mal rato me hacía pasar, aunque ahora pienso que quizás fuera ella la que lo pasara después de mi acompañamiento.

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    1. Jajaja, pues ¿ves? yo no la recuerdo casi nunca tocando el piano (mi mal oído tendrá alguna culpa de ello), sino caminando a largos pasos por el claustro, escuchando sonriente lo que le contábamos, mirándonos con toda seriedad desde un tribunal una vez que nos examinaron oral de ciencias naturales...

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  7. Todas la recordamos por su personalidad, su carisma y por tratar de entender nuestras explicaciones. Haber podido compartir el ratito de conversación con ella fue especial. Tú como siempre expresas muy bien todo lo que sentimos uniendo el recuerdo con nuestra vida actual.

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    1. Sí, tienes razón, no todo el mundo puede hablar con alguien a quien admiró en sus años de estudiante y mostrarle su gratitud. Yo he tenido la suerte de haberlo hecho con mi maestro Don Emilio Lledó que, como el flautista de Hamelin, arrastró a un montón de sus alumnos a hacer filosofía. Y ahora con la Madre Concha, que fue siempre un ejemplo de saber estar y saber educar.

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  8. ¿Y ahora qué hago yo? Para mí era un horror, nos castigaba los sábados y los domingos al colegio, por estar hablando de chicos y un baile que hubo en el colegio. C’ est la vie.
    Por cierto soy alérgica al incienso. Pues así y todo me obligan a estar en las misas solemnes. Por supuesto terminaba redonda en el suelo y mi hermana Tere llorando “mi hermanaaaa”.

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    1. Jajaja, cada uno habla de la fiesta según le va en ella. Y mira que a mí me castigaron de veces pero no recuerdo ni que nos castigara ni que nos cuidara en el salón de estudio ¿Seguro que era la misma? Se fue cuando mismo nosotras y tú entonces eras muy peque...
      A mí tampoco me gustaba ni el incienso, ni las misas solemnes, ni el horrendo traje de gala.

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    2. Yo tengo la misma edad que tu hermana. De peque nada.
      Yo sí tuve monjas profesoras. Celia Feliciano y Rosa Maria Guerra dos auténticas científicas y en sexto mi tía Lola que daba Física. Recuerda también una monja que nos dio Historia pero he olvidado su nombre.

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    3. Por eso lo digo, Carmen. Cuando yo me fui del colegio, mi hermana tenía 11 años. Era peque para hablar de chicos y de bailes.

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  9. Me encanta lo que has dicho amiga, una persona cercana, educada, y con mucha clase, la recuerdo tocando el órgano, la has descrito estupendamente, también quiero darle las gracias, seguro que la volveremos a ver pronto.

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    1. Seguro que sí, Clari. Eli, que se la encontró hace tiempo en una tienda y la reconoció enseguida y que ha sido la que nos la ha traído, ya está organizando otra ronda en Las Palmas. Mientras ella esté animada, habrá más reuniones.

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  10. Isa, me gustó mucho lo que has publicado hoy en el blog de la madre Concepción. Yo la recuerdo con mucho cariño. Cuando la vi por primera vez lo primero que dije fue: "¡qué guapa!". Guardo muy buenos recuerdos, su dulzura, su elegancia. Era algo distinto a lo que estábamos acostumbradas.

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    1. Sí, en ese tiempo se primaba la disciplina por encima de la enseñanza incluso. Era a "lo que estábamos acostumbradas". La Madre Concepción supuso un trato nuevo, la idea de que después de todo los profesores eran humanos.

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  11. No se puede describir mejor a una persona que dejó tanta huella y buenos recuerdos,yo como interna tenía más relación con la madre Concepción como le llamábamos en esa época ,hoy le llamo TIA Concha porque lo siento así y seguramente ustedes también . Después de este reencuentro tan secretamente guardado por Chary que nos recogió en Los Rodeos para darles la sorpresa, pasamos un día maravilloso. De vuelta a Las Palmas mientras esperábamos el embarque, durante el vuelo y la llegada a su casa el tema de conversación era el mismo, venía feliz y yo contenta de ver realizado este indescriptible reencuentro, espero repetirlo pronto. Te queremos, TIA CONCHA.

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    1. No hay mejor sorpresa que la que ni se nos pasa por la imaginación. Fue un momento muy grato el de reconocerla, abrazarla, darle las gracias por tantas cosas buenas y luego, ponernos a alegar como solo las que se conocen hace tanto tiempo saben hacer. Unas horas geniales.
      Hay que repetirlas, por supuesto. Cuando hablé con ella para pedirle permiso para este post, me lo dijo también: lo bien que lo había pasado, lo a gusto que se encontró entre nosotras, las ganas de volver a vernos.
      Abita Fleitas, mi Eli, mi agradecimiento total a ti por haber tenido esta idea estupenda. Un abrazo grande.

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  12. Ana Maria Maceda Gonzalez14 de noviembre de 2017, 2:16

    Qué puedo decir que no se haya dicho?. Reiterar que fue una mujer adelantada a aquellos tiempos de estricta disciplina, de que una señorita tiene que comportarse así, de castigos por qué te veían con un chico...Yo creo que gracias a la disciplina, a las clases de urbanidad y buenos modales, somos personas educadas, responsables y buenas personas pero tengo que decir que la Reveranda Madre Concepción (hoy Tía Concha),-cambió ese concepto estricto, por otro más flexible, cercano y cariñoso. Tengo el recuerdo de un paseo por el patio hablando con ella y sintiendo el placer de una conversación con una persona que me trataba como una adulta. Bienvenida a nuestro grupo, Tía Concha.

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    1. Sí, justo eso fue lo que me cautivó a mí de su persona, su serenidad, el que no le escandalizara lo que le contábamos como hubiera pasado con otras monjas, su manera de conversar con naturalidad al mismo tiempo que te enseñaba cosas.
      Mi hermana era pequeña en los años en que ella estuvo en el colegio (ella se fue cuando mi hermana tenía 11 años) pero le pregunté si recordaba algo de la madre Concha y ¿sabes lo que me dijo? Que recordaba una conversación con un grupito de niñas en las que la Madre Concha hablaba de que, cuando se levantaran de la mesa, lo hicieran sabiendo que podrían comer algo más, que no se llenaran nunca hasta atiborrarse. Dice que es curioso, pero no se le ha olvidado nunca. Eso también dice algo de su personalidad.
      Creo que fuimos afortunadas en contar con ella. Gracias a eso, muchos recuerdos del colegio son agradables.

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  13. Yo también tengo una "madre Concha " en este caso fuiste tú.
    Es raro aquel que no tuvo un buen profesor que le marcó, yo tuve la suerte de tener muchos y otros normales, alguno despreciable y luego estabas tu. Educación , respetable, natural, humana...
    Mi anécdota contigo bien la sabes, cambió mi vida , pues sólo tú me hiciste dar el paso de ir a la invitación donde conocería al amor de mi vida. Hoy en día después de diecisiete años sigo pensando que sino me hubieras hablado con aquella naturalidad y sinceridad yo no hubiera dado el paso. ��������

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    1. Yo también he tenido mucha suerte en tener alumnos como tú, Susana, gente interesada, curiosa, que hacía preguntas que llevaban a otras preguntas. Lo he dicho muchas veces pero es la pura verdad: he aprendido un montón de mis alumnos. Y también me he divertido en clase.
      Y respecto a lo del paso que diste, estoy segurísima que hubieras ido de todas formas. Sartre decía que pedimos consejo sabiendo lo que nos van a decir.
      Muchas gracias por tus palabras. Ellas hacen que todo merezca la pena.
      Un abrazo grande.

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    2. Yo creo que es la mejor manera de aprender, el saber llegar a los alumnos y que ellos de alguna manera te lleguen.
      Lo de ir a la excursión estas tu siempre más segura que yo��.
      Tus palabras si que hacen que todo merezca la pena, el seguir luchando, seguir rodeandote de gente noble , natural , sincera, con respeto y educación.
      ¡Besos!��������

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  14. Iba a decirte que no recuerdo ninguna persona que influyera en mí de esa manera. Pero entonces llegué al proverbio chino: "Cuando bebas agua, recuerda la fuente". Y es que tan importante es recordar las fuentes buenas para volver a ellas, como las malas para no morir de disentería. Y de esas fuentes contaminadas hubo una en mi camino de 3º de BUP y COU, mi profesora de literatura española que, con su prepotencia, con su desprecio por las opiniones diferentes a las suyas, me reafirmó aun más en lo que soy, en no cambiar solo por las modas, porque todos los demás hacen algo, o poner lo que le gusta al profesor en un examen y no lo que es. Y me he llevado muchos suspensos por eso, incluso en la universidad. Aún hoy en día, en mi empresa, sigo desentonando un poco. ¿Ves los zapatos rojos de mi avatar? Soy esos zapatos entre trajes grises, para bien y para mal, pero ella me sirvió para aprender a aguantar el chaparrón y ser consecuente con mis actos.

    Un abrazo, Jane. Me ha encantado el texto, como siempre.

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    1. ¡Cuánta razón tienes, Dorotea! También las fuentes contaminadas nos hacen ser como somos para bien o para mal. Y el no seguir el camino trillado es una decisión sabia.
      ¿Sabes que Azorín iba siempre vestido de negro pero con un paraguas rojo? Tus zapatos rojos son un signo de identidad, de coraje y de originalidad. Me encantan.
      Un abrazo, Dorotea. Muchas gracias.

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    2. ¡No! Mi ídolo :)
      Gracias a ti también, por escribir así y compartirlo.

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  15. Pues sí, Isa, sigue siendo guapa y tiene una memoria de cine. Se acordaba de mí perfectamente, después de tantos años. Sorprendente sus recuerdos y reconfortante su presencia.
    Todos tenemos alguien que nos invitó a vivir de una manera determinada, alguien a quien admirábamos y respetábamos sin esfuerzo. Creo que en mi caso pudo ser mi abuelo materno. Su caligrafía, sus viajes, su cultura musical y su constante emprendiduría, me mantenían hipnotizada y aún hoy puedo revivir esas conversaciones.
    Son estrellas que alimentan nuestro ser y lo marcan para siempre.

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    1. Cuando veo la ceremonia de los Óscar o los Goya, a mí me encantan todos los agradecimientos, aunque sé que a mucha gente les aburre. Pero a mí, que en un momento importante de tu vida te acuerdes de aquellos que hicieron posible tu ser, me emociona. Por eso también me emociona que recuerdes a tu abuelo y lo tengas tan presente. Probablemente era tan buena persona como tú.
      Un abrazo, Cande.

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  16. Qué feliz fui ayer, no tengo palabras, ya está todo dicho. La Madre Concha para mí fue muy especial, un mito, como puede ser Rafa Nadal para mi nieto. Aquel caminar elegante por la galería, su figura... Yo quería imitarla, empezar piano por ella ¡Qué ilusión pasarle la hoja de la partitura! Nunca pude.
    ¡Quién me diría que los sueños se vuelven realidad! Después de muchos años, conseguir la foto. Disfruté aquel día de verlas contentas y de que la persona que yo admiraba y quería estaba con mis chicas.
    Gracias, Isa. Gracias, Ely. Gracias, Chari, por guardar el secreto. Gracias a mi querido patio.

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    1. La verdad es que nos impactó en un momento en que éramos muy influenciables. Fue una suerte que ella nunca nos adoctrinara, ni nos llevara por su camino, cuando podría haberlo hecho. Para mí su característica más decisiva para con los demás fue el respeto. Por eso estamos todas tan contentas de habérnosla encontrado, ahora que tenemos experiencia y valoramos más objetivamente la influencia de las personas.
      Un abrazo muy grande, Nievitas. La próxima vez tú también estarás allí, alegando hasta por los codos. Y yo contigo :-D

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  17. María Rosa Gil-Roldán Docet14 de noviembre de 2017, 22:14

    Yo recuerdo todo lo bueno de esa etapa maravillosa.

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    1. Trinidad Hernández Rodríguez14 de noviembre de 2017, 22:15

      Creo que a muchas nos pasa lo mismo, yo lo recuerdo con mucho cariño.

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    2. Mis amigas y yo, las que nos reunimos periódicamente porque nos conocemos desde aquellos tiempos (hace ya 60 y pico años, coincidimos en que la etapa del colegio fue así, plena, divertida,rica en acontecimientos que nos influyeron positivamente en nuestra vida. recuerdo a mis 15 años, después de un verano estupendo, estar con ganas enormes de que empezara el colegio, de ver a mis amigas, de tener nuevas experiencias. No quiere decir esto que no hubiera malos ratos: cuando un profesor era injusto o cuando nos castigaban, por ejemplo. Pero la unidad que había entre nosotras compensaba los momentos chungos, incluso hasta les daba sabor. Era estupendo ser joven, contar con los demás y estar aprendiendo a vivir.

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  18. Ay, Jane, siento que ya estoy muy mayor. Cada vez que vuelvo a leer tu post, se me pone un nudo en la garganta y vuelvo a emocionarme. No recuerdo ni una sola monja, de las que tuvimos en aquellos años, que concite tanta unanimidad, sobre su manera de tratarnos, como la Madre Concepción.
    Ya se ha dicho todo sobre ella, pero quiero reiterar lo que ya te dije en otro lugar. Es muy posible que, sin ser consciente, esta admirada monja haya influido en mí, tanto como en ti, en nuestro estilo de andar por las aulas y deambular entre nuestros alumnos. Y más curioso, aún, cuando nunca nos dio clase de materia alguna, pero sí que nos dio muchas sobre saber estar, saber escuchar, saber decir, saber respetar y saber corregir a un gran grupo de adolescentes a las que nos ayudó a madurar, en unos tiempos y edades de inseguridad, dudas, miedos e ilusiones.
    Cuando el destino ha vuelto a ponerla casi al final de nuestros caminos, será por algo y creo que ha sido para darle muchas gracias y mucho cariño, por toda la sabiduría que nos aportó, para la vida, sin que nosotras, y ella misma, nos diéramos cuenta en aquel entonces. De ahí, su asombro y perplejidad cuando se lo dijimos en aquel hermoso día de reencuentro. Estaba maravillada y muy agradecida por todas nuestras muestras de afecto. No paró de repetirlo, mientras la llevaba en el coche, y ya has visto que también Ely nos cuenta lo mismo.
    Estoy convencida de que para ella, que en tantos sitios estuvo y que a tanta gente ha conocido, ese día debió ser de los más felices de su ya larga vida, porque no esperaba un encuentro tan emotivo, intenso y divertido. Todo a la vez.
    Espero que dentro de unos días volvamos a compartir, con ella, la misma alegría y que sepamos hacerla tan feliz, otra vez, como lo hicimos la primera. Se lo ganó hace ya más de 50 años y ya tocaba que le correspondiéramos.
    Como alguien me dijo una vez, "Algo tiene el agua, cuando se le bendice". Algo tiene la Madre Concepción, cuando todas la admiramos, respetamos y queremos.
    Preciosa entrada, Jane. Y brillante idea la de Ely, regalándonos una sorpresa tan grande. Muchas gracias a las dos, queridas amigas del alma.

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    1. Sí, Chari, creo que estuvo en el momento oportuno y en el tiempo que más falta nos hacía. Tuvimos suerte.
      Todo profesor o toda persona que se haya entregado a la enseñanza (esa profesión tan genial), agradece saber que sus esfuerzos merecieron la pena. Cada vez que un alumno me dice que el tiempo que pasamos juntos en un aula fue importante para él, aparte de darme una alegría, me convenzo más de que la educación, una buena educación, es el elemento fundamental en la vida de una persona. Y una de las que primero me lo hizo ver es la madre Concha.
      Que sigamos disfrutando de la amistad, de las sorpresas que tiene la vida y de las buenas reuniones.
      Un beso.

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  19. Ignacio Luján García San15 de noviembre de 2017, 18:31

    Yo no tuve una Madre Concha, a cambio tuve un Don Andres Vizcaya Carpenter, con quien coincidí en la Escuela Duggi, sus y mis comienzos, en la academia Cervantes de Alvarez de Lugo y definitivamenteen la escuelas de Formación Profesional de Cepsa
    Nuestro profesor especialmente de Lengua, Historia, Literatura, Sociales, igualmente capaz con todas las demas materias, habil recomendador para que continuaramos firmacion y estfienadosudios, para acceder a la universidad
    grandes recuerdos y admiradores a su labor dejo entre los formados.

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    1. Los que nos precedieron como alumnos en los tiempos en que había 7 años de Bachillerato y una Reválida General al final tenían una formación muy completa que ya quisiéramos nosotros. Todos estudiaban todas las materias y no había división entre Letras y Ciencias. Mi madre, por ejemplo, lo hizo, y además estudió en el Instituto de Santa Cruz de La Palma francés y alemán. Tuve un compañero, Cándido Marante Pérez (catedrático de Física y Química), que, cuando un profesor faltaba, fuera de Latín, Griego, Matemáticas o Historia, lo sustituía con total capacidad, sabía de todo. En esta época de especializaciones, eso se hace impensable.
      Enhorabuena, Ignacio, por haber disfrutado de alguien especial en tu carrera.

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  20. Bello homenaje .Justo y con ternura.

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    1. Gracias, Maribel. Ella ayer me dijo por teléfono que no se acuerda mucho de aquellos tiempos pero que se alegra de haber dejado alguna huella en nosotras y que no merece tanto. Pero sí que lo merece, igual que muchos profesores que se han dejado la piel y han puesto toda su alma en esta bendita profesión que compartimos.
      Un abrazo.

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    2. Es una profesión maravillosa porque te hace estar en contacto con la juventud y te contagian El sector sanitario esta en contacto, diariamente ,con el dolor .Los trabajadores sociales con necesidades terribles e inaplazables .La educación esta en contacto con la fuerza de las vidas que empiezan ese camino. Claro que tienen problemas tb duros pero hay una fuerza vital arrolladora y estar cerca es un privilegio .Al menos , a mi me lo parece .Por cierto, me encanta leerte Disfruto .

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    3. A mí también me parece un privilegio, Maribel. Y no solo es que conozcamos de cerca ilusiones y expectativas, sino que también estamos en contacto con personas que siempre tienen la misma edad, mientras nosotros envejecemos. Eso también nos da otra perspectiva de la vida.
      Los que nos hemos dedicado a enseñar amando esta profesión somos afortunados.
      Un beso y gracias por tus palabras.

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