lunes, 16 de octubre de 2017

Los jallos de las mareas




El Diccionario de Canarismos define jallo como "objeto que arrastra la marea y que generalmente se encuentra en playas y callaos". La palabra jallo es un equivalente a "hallazgo", un derivado deformado del verbo hallar. Es lo que encuentro cuando voy caminando lentamente a la orilla del mar y me detengo para recoger algo sorprendente que las olas han arrojado a la orilla.

Toda la vida los niños hemos buscado jallos en las mareas, pero la primera persona a la que oí llamarlo así, con ese nombre, fue a mi amiga Marianela, cuando hace 3 años partí de sus recuerdos infantiles en el Faro de Alegranza -en cuyas aguas reposan ahora sus cenizas- para publicar el post "Los hijos del farero". Ella me hablaba de los jallos allí encontrados entre los que había hasta botellas con mensaje (echadas a lo mejor por algún Capitán Grant, como en la novela de Julio Verne), y yo le contaba de los míos en El Arenal de Bajamar o en Las Teresitas de antes: una gargantilla de cuentas minúsculas con el nombre de "Singapore", que evocaba historias fascinantes; piedras brillantes y pulidas que parecían preciosas, allí reluciendo bajo el sol; una tabla pequeña y labrada que los niños estábamos convencidos de que era el resto del naufragio de un galeón; una enorme caracola que guardaba dentro el bramar de las olas... Tesoros que guardábamos como si fuera el cofre perdido de algún pirata.

Con las maderas que encontraba en la playa hacía mi tío Aldo esculturas fantásticas. Mi hermana también, en las playas de La Graciosa, ha "jallado" troncos y trozos de remos con los que se ha hecho repisas y marcos de espejos, hoy en la pared de su casa graciosera (en la imagen inicial). Encontrar jallos valiosos -el "costeo" se llamaba esta ocupación- fue siempre un trabajo supletorio para los marineros, una forma de aumentar sus ingresos con los regalos del mar. Viera habla de las preciadas pellas de ámbar gris -una sustancia grasa que se forma en el intestino de los cachalotes y que se usa en productos cosméticos y farmacológicos-, que hicieron ricos a quienes los encontraban. Playa Lambra en La Graciosa es una deformación de Playa del Ámbar.

Y es que el mar, cuando no le da el pronto, es bastante generoso y guarda en su interior lo que no está escrito. Ya lo decía el Capitán Nemo, otro gran descubridor de "jallos" (solo que en los fondos marinos) en "Veinte mil leguas de viaje submarino": "El mar provee a todas mis necesidades", tanto alimenticias ("mis rebaños, como los del viejo pastor Neptuno, pacen tranquilamente en las inmensas praderas del océano"), como hallazgos personales, productos del mar y de despojos de naufragios: perlas, conchas, lingotes de oro..., que dejaban boquiabierto al profesor Aronnax, el protagonista del libro.

E igual pasa en la vida. Si buscamos con cuidado, vamos encontrando los jallos que las mareas del destino van arrastrando cerca de nuestro camino: un trabajo que nos gusta, un amor verdadero como en los cuentos, un lugar en el que encontrarnos bien, un libro o un poema que nos impacta y conmueve, el recuerdo luminoso de los que se fueron y la compañía de los que aún estamos aquí... Tesoros que nos hacen volvernos shakespearianos ("Hay una marea en la vida de los hombres cuya pleamar puede conducirlos a la fortuna...") y que guardamos como si fuera el cofre del pirata. Igual que cuando éramos niños.


20 comentarios:

  1. los bienes mostrencos,jallos en canarias, no tienen propietario. Son de quien los encuentra y valora, UN VERDADERO COLECCIONISTA era el Poeta chileno Pablo Neruda que almacenaba en su casa de isla negra verdaderas joyas , aunque algunos mascarones de proa de veleros antiguos los "robaba" en juergas nocturnas con amigos y afines. En más de una ocasión fue sorprendido en estos inocentes hurtos que no le pasaron factura carcelaria

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    1. Tengo un libro precioso de Pablo Neruda, "Una casa en la arena", con fotografías de Sergio Larrain, dedicado a los jallos, a todo lo que el mar le ha regalado, y a su casa de Isla Negra. Mira este párrafo: "Así perdí la llave, el sombrero, la cabeza.
      Se los llevó el océano en su vaivén. Una nueva mañana las encuentro. Porque me las devuelve una ola mensajera que deposita cosas perdidas a mi puerta.
      Así, por arte de mar la mañana me ha devuelto la llave blanca de mi casa, mi sombrero enarenado, mi cabeza de náufrago".
      Este libro también fue uno de esos "jallos" afortunados que uno alguna vez encuentra. Fue en una Feria del Libro Antiguo en la Plaza del Adelantado en La Laguna. Baratísimo y precioso. Compré también unos cuantos para regalar.
      No conocía esa denominación de bienes mostrencos, Alfa. No la encuentro tampoco en el Diccionario.

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  2. Me viene a cuento un recuerdo de la infancia. Jugando con otros niños de la localidad, La Matanza, al escondite, el que se quedaba me encontró escondido y gritó a los demas : " ya lo jallé, ya lo jallé, ya lo vide ".

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    1. En los pueblos perduraba en aquellos tiempos el uso de un castellano arcaico que siempre me ha llamado la atención. Recuerdó oír un "lo vislumbró" que no usábamos en el habla normal o "un pozuelo de café", muy alejado de la cotidiana "tacita". Hoy evidentemente la tele y la educación para todos han unificado el habla.
      No se te ha olvidado ¿eh?

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  3. Buenos días Jane:cuando de pequeña mi amatxu me llevaba a la playa, donde entonces la orilla estaba llena de conchas y caracolillos, me decía que aquellas conchas, para mí preciosas, eran las que les sobraban a las sirenas al hacerse sus collares.
    Me sigue pareciendo precioso este cuento así que cuando por casualidad encuentro una concha nacarada no puedo por menos que cogerla y besarla. El beso es para mí amatxu.
    Un abrazo muy cariñoso.

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    1. Qué historia tan bonita para contársela a una niña, Rosa María. Me encanta. Me da que la voy a tomar prestada para contársela a mi nieta Julia.
      Para mí siempre fueron preciosas las conchas nacaradas, las piedras pulidas verdinegras o violetas, los caracolillos... sobre todo porque las arenas de la isla, negras porque son productos volcánicos, no se prestan tanto a esos hallazgos como en la península. Cada vez que voy a esas playas de arena amarilla me quedo asombrada de tanta riqueza.
      Un abrazo grande.

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  4. Por un momento pensé que ahora lo que más se encuentra es la basura que tiramos, pero ese párrafo final me ha dejado un poco de esperanza.
    Un abrazo.

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    1. Jajaja, cuando le pregunté a mi hermana por las cosas que ha encontrado en La Graciosa, aparte de los tablones con los que ha hecho ese espejo y repisas y hasta el número de la puerta de su casa, me dijo que suele encontrar zapatos. Desparejados, eso sí.
      ¿Y te acuerdas de la canción "aquellos duros antiguos que tanto en Cádiz dieron que hablar..."? Leo en Google (Tono Cano en página "secretolivo.com") que "eran monedas de a 8 reales, fueron acuñadas en México y eran de curso legal durante el reinado de Fernando VI cuando se denominaban popularmente duros antiguos o la de ambos mundos. La noticia voló más de cien años antes de la existencia de twitter. Monedas de oro en la playa de La Victoria. Todo ello revivía aquel viejo rumor sobre el motín al barco brasileiro El Defensor de Pedro cuyo tesoro escondieron los piratas en una playa de la ciudad poco antes de ser ajusticiados.
      Los historiadores afirman que se encontraron más de 1.500".
      Así que ahí tienes otros "jallos" :-D
      Otro abrazo para ti, Dorotea.

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    2. Bueno, eso no es lo que yo pensaba como basura jajaja. Ni siquiera los zapatos!

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    3. La verdad es que si yo me encontrara una pella de ámbar, ni siquiera me agacharía. Y, sin embargo, Viera cuenta que se vendió una por 1500 ducados en 1590, y eso tendría que ser una fortuna. Y que una vez hubo un juicio a cuenta de otra pella que un noble robó al que la encontró y a este se le indemnizó con territorios como la Dehesa de Ye, la Vega de Tahíche y otras tierras. Así que ya ves, no hay que menospreciar la "basura" porque igual esconde una fortuna :-D

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  5. Mostrencos es el término en español
    Yo tengo algunos de madera en Las Castras, El Tanque
    Saludos

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    1. Como te puse más arriba, no encuentro el término en los Diccionarios. Pero sí en Wikipedia, que basándose en el lenguaje jurídico dice que "son bienes mostrencos los muebles abandonados y los perdidos cuyo dueño se ignore". Creo que ha habido controversias con el Estado por esto y no dice nada de los que arroja el mar. Pero supongo que nadie va a disputarnos tus maderas ni mis caracolas.
      Pablo Neruda dice que a Isla Negra alguien la llamó "La Isla de las Cosas Perdidas". Dice: "El océano es incesante proveedor de tablones carcomidos, bolas de vidrio verde o flotadores de corcho, fragmentos de botella ennoblecidos por el oleaje, detritus de cangrejos, caracolas, lapas, objetos devorados, envejecidos por la presión y la insistencia".
      A la orilla del mar siempre hay alguien mirando, agachándose y recogiendo.
      Un abrazo, Álvaro.

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  6. Muy interesante tu escrito, me has recordado cuando de pequeños, nos juntábamos los amigos para ir a la playa a ver que había traído el mar, siempre era poca cosa. No recuerdo como llamábamos a lo que encontrábamos, pero "jallos" no, es la primera vez que oigo esa palabra. Siempre se aprende algo. Un abrazo amiga.

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    1. Yo creo que era un "deporte" que practicábamos todos los niños. Mis hermanos y yo hasta hacíamos concursos a ver quién encontraba más "tesoros". A todo esto mientras mi madre y mis tías se dedicaban a mariscar entre las rocas. A lo mejor terminaba la tarde sin que encontráramos nada, pero teníamos la seguridad de que en la cena habría, con suerte, un plato de lapas asadas con mojo de cilantro. Qué nostalgia me dio ahora...
      Yo tampoco lo había oído nunca hasta que me lo dijo Marianela. Debe ser una palabra más típica de las islas orientales.
      Un abrazo, mi amiga.

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  7. El poeta grancanario Manuel Padorno tenía muchos tarros de cristal llenos de jallos. Decía que era otra manera de escribir poemas.

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    1. Conozco pintores que en su estudio también tienen repisas de objetos "encontrados": una estrella de mar fosilizada o piedras pulidas y brillantes o una tabla de madera labrada por el viento... Cualquier artista se asombra y conmueve ante lo bello. No sabía esa afición de Padorno pero no me extraña en quien tanto cantó al mar:
      El mar es una larga carretera.
      Comienza aquí, debajo de mi casa;
      arranca desde aquí, sobre la orilla
      y va, como una larga cinta echada
      desde mi puerta al infinito, afuera.

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    2. Y también dibujaba lo que él llamaba la carretera de luz... Un gran poeta y un gran tipo

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    3. La luz es la impronta de su obra. En las páginas de la Academia Canaria de la Lengua dicen de él que " en los ámbitos de la poesía y de la plástica, Manuel Padorno ha tenido como fin la indagación de la luz atlántica como conformadora de la condición del hombre canario". Tienes razón, grande como poeta y como persona.

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  8. Me recuerda a mi infancia y a la casa que bajaba directamente a la playa.Muchas mañanas ibamos a buscar los tesoros dejados por la marea.

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    1. Feliz el niño que tuvo una infancia con una casa que bajaba directamente a la playa. Esas búsquedas mañaneras de tesoros tienen que ser de los recuerdos más preciados que pueda haber. Creo que quienes hemos tenido la casa de mayores, cuando temprano paseamos al lado del mar mirando atentamente por si aparece una piedra especialmente bonito o una concha "artística", lo que estamos haciendo es revivir al niño curioso que fuimos alguna vez.

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