lunes, 20 de marzo de 2017

Dios salve a la reina




¿No les ha pasado alguna vez que un tema se les hace recurrente y les aparece cual mosca cojonera por todas partes? Porque eso es lo que me ha pasado a mí esta semana con la reina de Inglaterra. Hace dos semanas les hablaba aquí de su antepasada, la pérfida Isabel I, y ahora me tropiezo con su descendiente Isabel II. Con la aristocracia hemos topado, mira tú por dónde.

Primero fue con la lectura de una novelita deliciosa de Alan Bennet, "Una lectora nada común", sobre las aficiones literarias de una Isabel II, cercana a los 80, que descubre maravillada lo incitante y democrático que puede resultar un libro: "El atractivo, pensó, estaba en su indiferencia (...) A los libros no les importaba quién los leía o si alguien los leía o no. Todos los lectores eran iguales, ella incluida. Los libros no se sometían. (Leer) era un acto anónimo; era compartido; era común. Y ella, que había llevado una vida distinta de la de los demás, descubrió que ansiaba aquello. Allí, entre aquellas páginas y entre aquellas tapas, estaba de incógnito.". Nunca había pensado en esta característica igualitaria de la lectura.

Después, cuando a mí, que no soy nada monárquica, me empezaba a caer estupendamente bien la señora, me vi con mis nietos la película de Spielberg "Mi amigo el gigante", basada en el libro de Roald Dahl "El Gran Gigante Bonachón". En ella el Gigante, que habla con palabras torcidas, defiende ante su amiga, la huerfanita Sofía, las bondades del gasipum, una bebida verde en la que las burbujas van al revés, hacia abajo, provocando "popotraques":
- ¡Los "gingantes" soltamos popotraques continuamente! Eso es señal de "filicidad" ¡Es música para nuestros oídos! No vas a "dicirme" que un poco de popotraqueo es cosa prohibida entre los guisantes humanos...
- Se considera de muy mala educación - contestó Sofía.
- Pero tú bien debes soltar algún popotraque de vez en cuando, ¿no? -quiso saber el GGB.
- Todo el mundo lo hace -reconoció la niña-. Los reyes y las reinas popotraquean, como lo llamáis. Y también los presidentes. Y los artistas de cine. Y los bebés. Pero en mi tierra no es fino hablar de eso. 
En la película Sofía y el Gigante van a ver a la reina Isabel II de Inglaterra y él le da a probar el gasipum con lo cual la reina "popotraquea" (un gas verde por detrás que la levanta ligeramente de la silla). Me pegaba que esto era un añadido gamberro de Spielberg y, efectivamente, me fui a la fuente original y Dahl en su libro no menciona para nada esa falta de respeto a su real Majestad.

Le comentaba esto a mi amigo Álvaro y entonces me contó (y me envió después) una anécdota que le había leído a Alfonso Ussía en su libro "El humor en la alta política" sobre un encuentro entre la reina de Inglaterra y el presidente portugués Ramalho Eanes:
"Después del frío, pero cordial saludo, y tras pasar revista a los batallones de la Guardia Real, los lanceros y los Dragones de la Reina, ambos mandatarios abandonaron la Estación Victoria en la carroza de Su Majestad. La carroza marchaba tirada por ocho espectaculares caballos negros, uno de los cuales, al tomar una curva en Trafalgar Square, se fue de sus partes traseras y se tiró un pedo tan grande como la Abadía de Westminster. El hedor, dulzón y perverso del aire escapado del caballo, entró de lleno en la carroza real. La Reina, como anfitriona, se disculpó. El Presidente Eanes aceptó las disculpas: "No se preocupe vuestra majestad, porque yo creía que había sido un caballo". 

Esta reina, a ratos imaginada y a ratos real, con la que se puede hablar hasta de pedos (aunque no sea fino, como dice Sofía), casa muy poco con la inflexible y protocolaria de la que habla, en una entrevista que también leí esta semana, el piloto de Formula 1 Lewis Hamilton, cuando la Reina lo invitó a un almuerzo: 
"Estaba emocionado y me puse a hablar con ella, pero me dijo, señalando a mi izquierda: "Usted hable primero con quien tiene sentado a su otro lado y luego yo me volveré hacia usted y entonces conversaremos".

Y todo esto me deja pensando en esa dama que debía estar jubilada como yo, conocida por todos, con su sombrero, su bolso y su peinado siempre igual, una de las más ricas del mundo, llena de títulos como para empapelar un palacio; una mujer que no pensó en ser reina, pero que ahí la tienes, la más longeva, viviendo una vida que no ha elegido y que otros han organizado para ella, milimetrada, encorsetada en absurdos protocolos, sin poderse echar una cana al aire, ni siquiera una carcajada ¿Ustedes la han visto alguna vez pasando más allá de una sonrisa? ¡Qué soledad, qué aburrimiento, qué harta debe de sentirse a veces, qué vida tan terrible debe ser aquella en la que rascarte la nariz puede ser noticia en las páginas de los periódicos! Si ahora se convocaran oposiciones a reina, no me presentaba ni loca que yo estuviera.

Ahora entiendo por qué el himno de Inglaterra se llama "Dios salve a la reina" ¡La pobre!

26 comentarios:

  1. Carmen María Duque Hernández20 de marzo de 2017, 13:04

    Siempre me enseñas , gracias mi niña, besitos para todos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Carmelita, pero realmente lo que quiero es compartir vivencias que una va encontrando en esta vida tan curiosa y, a pesar de los pesares, tan divertida.
      Un beso grande.

      Eliminar
  2. Qué bueno Isa. Me viene a la cabeza una anécdota que contaba mi madre: una señora de la burguesía pueblerina, iba a misa acompañada de su sirvienta, todos los domingos. Un dia, en plena misa, estaba de rodillas y al levantarse soltó un sonoro pototraque, provocando las carcajadas del respetable. Ella indignada, le recriminó a la sirvienta: debias haber dicho que fuiste tú. Yo soy una señora y no puedo permitir que se rian de mi.
    Al domingo siguiente, en plena misa, la sirvienta se pone en pié y dice: señoras y señores, el domingo pasado, cuando mi señora se peó, no fue ella que fui yo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajajajaja, qué bueno. Eso me recuerda el chiste viejo de la viejita que, en la mitad de la misa, se inclina y le dice al oído al marido: "Me acabo de tirar un pedito silencioso... ¿Qué hago?". Y el marido le responde: -Ahora nada, pero después, cuando lleguemos a casa, cámbiale las pilas al sonotone".
      ¿Será que la misa predispone al tema?

      Eliminar
  3. Muchas felicidades por tu cumpleaños y por el articulo.;-

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Esther. Vamos a empezar el año y la primavera con humor. Un beso.

      Eliminar
  4. La de Inglaterra no podrá echar una cana al aire, pero el nuestro no perdía la ocasión. Ya van por 4. No se perdía una de eso, ni nada. Él, que parecía un santo varón, ahora sale todo. Aún no he leído nada de popotraqueo, pero seguro que también.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es lo que tiene el ser tan campechano, oye. El día de su proclamación, el 22 de noviembre del 75, yo estaba a punto de dar a luz a mi hijo, con el goteo puesto y la tele de la clínica encendida. Y es verdad que parecía un santo varón: ante un auditorio de corbatas negras por la muerte de Franco dijo que éste le serviría de modelo y que era y se sentía profundamente católico. Había que tranquilizar a las Cortes a las que a pesar de todo no les gustó que Juan Carlos no hiciera referencia al 18 de julio y que hablara de "una nueva etapa". De canas al aire doy fe que no dijo nada. Y de popotraqueos, menos. Pero no todo lo que se dice se hace ni todo lo que no se dice se deja de hacer. :-D

      Eliminar
  5. Ana Maria Maceda Gonzalez20 de marzo de 2017, 16:43

    Puede ser, Isa, con tanto arrodillarse, levantarse y sentarse, se aflojan los muelles. Jajajs

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A ver si hacemos un artículo conjunto sobre la relación entre ese aflojamiento de muelles y la misa. Podría salir hasta una tesis doctoral. Lo malo es que hacer el trabajo de campo nos puede exponer a efluvios no deseados. Pero todo sea por la ciencia.

      Eliminar
  6. Isa ¿recuerdas a la profesora de la Sección Femenina, que también la tuvimos en Preu, que cuando nos hablaba de bebés y de caca, y nosotras nos reíamos, ella decía que eso lo hacía hasta la reina de Inglaterra?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues ya éramos mayorcitas para reírnos. Mi nieta de 3 años es la que está pasando por la etapa de "caca, culo, pedo, pis" y se troncha de risa con eso. Fíjate que hasta la enseñamos a no llevar pañal cantándole "la fiesta del pipí"...
      Todo esto me hace recordar al personaje de Fernanda en "Cien años de soledad" de García Márquez y la cantaleta que le echa a Aureliano Segundo, ella que era "ahijada del duque de Alba, una dama con tanta alcurnia que le revolvía el hígado a las esposas de los presidentes, una fijodalga de sangre como ella que tenía derecho a firmar con once apellidos peninsulares", "la única en todo el litoral que podía vanagloriarse de no haber hecho del cuerpo sino en bacinillas de oro", "para que Renata, su propia hija, que por indiscreción había visto sus aguas mayores en el dormitorio, contestara que de verdad la bacinilla era de mucho oro y de mucha heráldica, pero que lo que tenía dentro era pura mierda...".
      A lo mejor, deberíamos ver con mayor naturalidad las funciones corporales. Porque, después de todo, y con unos versos que decíamos de chicos, "en este mundo traidor / nadie de cagar se escapa: / caga el pobre, caga el rico, / caga el rey y caga el Papa."
      Decididamente, en este comienzo de la primavera y en mi primer día de los 70, me he puesto escatológica.

      Eliminar
  7. El resultado del gasipum, ese gas verde que hace levantar a la reina de la silla, se explica por el principio de conservación del momento lineal (lo mismito que explica que un avión vuele)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En el libro de Roald Dahl mira lo que dice sobre tu momento lineal:
      "... De pronto, la bebida hizo su efecto y el gigante soltó una serie de ruidos, los más sonoros y ordinarios que Sofía hubiese oído jamás. Retumbaban contra las paredes de la cueva como truenos, y los botes de vidrio temblaron en sus estantes: Pero lo más asombroso fue que la fuerza de las explosiones levantó al gigante del suelo, casi como un cohete".

      Eliminar
  8. Me has hecho reír un rato hoy con tu post. Enhorabuena. Un abrazo, amiga.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El humor y la risa es la mejor manera de empezar una primavera que, aunque dicen que daba el pistoletazo de salida a las 10,29 de esta mañana, con ese cielo tan gris no lo parecía. Gracias, Ursulita, sobre todo por reír juntas.
      Un abrazo.

      Eliminar
  9. ¡Jajajajaja! Pobre reina popotraqueante ;-)
    Oye, pues me encantó "Una lectora nada común", y me lo pasé tan bien que después leí "El viaje de la reina", de William Khun, pero le faltaba la chispa que tan bien se le da a Alan Bennett. Besitos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya vi la estupenda y acertada reseña que le hiciste, Mónica. De hecho, creo que lo tengo a partir de ella aunque no lo había leído hasta esta semana. Me gustó ese fino humor británico, esa mirada curiosa de una mujer inteligente encerrada en rutinas, esa denuncia de aquellos que la rodean y ese final que ¡ay! desgraciadamente no se ha producido ¡Cuánto tendría para contar la reina de Inglaterra!
      Besotes.

      Eliminar
  10. Ay, Isa, lo que me he reido con los comentarios. Me he acordado de una vez que fui al dentista y al entrar al ascensor, un tufo a pedo recochado...ya habia pulsado el botón y me era imposible salir. Me tapé la nariz y aguanté la respiración. Lo peor no fue eso, lo peor fue cuando llegué a mi destino, se abre la puerta y había un hombre guapetón esperando al ascensor. Imaginate lo que pudo pensar.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hay que buscar para eso, como los indios de América, los espacios abiertos y las llanuras extensas del oeste. Espacios cerrados, no. Un amigo me contó precisamente que una vez que se había desahogado bien dentro de su coche, va y lo para una amiga de su madre que lo vio y le pidió que la llevara a su casa que estaba empezando a llover. Ya te puedes imaginar las disculpas. Y esta vez no había caballo a quien echarle la culpa.

      Eliminar
  11. Yo tampoco me presentaría.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es que es un trabajo muy poco apetecible, Ramón. Todos los días aparece un(a) secretario(a) que te da un listado de actos aburridos que tú no has elegido hacer, donde verás a personas que te importan tres pitos y a las que tendrás que dar la mano hasta que se te quede sudada. Tendrás que viajar por todos los países del mundo pero no como viajera curiosa, sino allí de pie, viendo desfilar tropas y recibiendo ramitos de flores que ya no sabes ni dónde ponerlos. Si repites traje, toda la prensa lo airea (Letizia debe estar hasta el moño) y así me explico por qué la reina no cambia de peinado desde que era joven. Te hacen caricaturas, chistes, grafitis... sin comerlo ni beberlo. No puedes ni opinar ni poner cara de enfado. Ahí todo el día con la sonrisa profidén y la manita como si limpiaras cristales ¡Quita, quita! Pagarán bien, pero no hay dinero suficiente para pagar la esclavitud.

      Eliminar
  12. Ha, ha, ha...Muy bueno. Y yo me pregunto ¿Que le habrá pasado al pobre real caballo culpable de tal afrenta?
    Me recordaste una anécdota que me sucedió en el Colegio Mayor San Juan Evangelista en una sección de cine. Estaba a mi lado un compañero que llamábamos "El Rondeño", aunque era de Fuengirola y que era muy cachondo. En medio de la película correspondiente de arte y ensayo, cuando se produjo un silencio por el acongojo del personal, se largó un pedo escandalosamente sonoro y laaaargo, se levantó inmediatamente (estábamos en las primeras filas), se giró y mirando para mi, dijo: ¡¡gediondo!!. abanicándose la cara con la mano. Lo curioso es que yo no sabía donde esconderme, sintiéndome culpable de tremenda interrupción emocional.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No creo que le pasara nada como testigo del evento. Ussía en su libro lo califica así diciendo: "Así pasó, así sucedió, y así se lo contó la Reina de Inglaterra a un reducidísimo grupo de amigos. Entre estos estaba el Rey, que se lo contó divertidísimo a Don Juan, su padre, que a su vez me lo narró a mí. Pedí permiso para escribir, y Don Juan me lo concedió siempre que no señalara el camino de la información. Lo hice, y al día siguiente de aparecer mi artículo en el Diario 16 de Madrid, todos los periódicos de Portugal lo reprodujeron. Fui llamado por el embajador de Portugal en España, que se interesaba por la información. Y cumplí con mi palabra: -Señor embajador, sólo tres fuentes han podido contarme lo sucedido. El presidente de Portugal, en cuyo caso usted no me habría llamado. La Reina de Inglaterra, con la que no tengo la costumbre de hablar, y por último, el caballo.-El embajador dio el caso por cerrado y el humor triunfó."
      Me puedo imaginar tu cara ¡Cuántas anécdotas y chistes se han hecho con ese estupendo material! ¡Y pensar que es uno de los actos más normales de la naturaleza!

      Eliminar
  13. Pues yo tampoco la envidio en nada. Para empezar, te cambian el nombre. Después te recomiendan guardar las apariencias, y en todo momento tu vida y la de los tuyos se encuentra en el punto de mira. Si hay algo que envidio a ella y a su madre es la longevidad y la fortaleza que han adquirido con la cata de sus buenos viñedos.Por lo demás, no quiero ni uno de sus originales sombreros ni para ir a la playa. Que Dios la salve en su reino, porque aquí no ha podido pasar desapercibida, ni para su guardia, que por poco no le dispara una vez al no esperarla.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es su verdadero nombre: Elizabeth Alexandra Mary. Y desgraciadamente lo de guardar las apariencias también parece ser la tónica general, seas reina o no ¿Y le gusta el vino a Isabel II? Sé que a su madre le encantaba el gintónic con mucha ginebra, poca tónica, bastante hielo y vaso corto (con lo cual demostraba su buen gusto), pero me da que la hija no heredó la afición.
      Agatha Christie cuenta en su "Autobiografía" que fue a cenar con la reina y que disfrutó mucho aquella noche: "Tan pequeña y delgada, con su sencillo vestido de terciopelo rojo con una sola y hermosa joya , y su amabilidad y facilidad de conversación". Pero a pesar de todo, Cande, tampoco la envidio en nada. Tener que cenar con desconocidos en vez de con tus amigos (¿tendrá verdaderos amigos la reina?) y vivir una vida impuesta no compensa en absoluto. Y además ponerse esos horribles sombreros :-D

      Eliminar