lunes, 26 de septiembre de 2016

El final del verano llegó y tú partirás...




Ahora que ya el verano se ha diluido como la crema bronceadora en la piel, ahora que ya no salimos al fresco de la noche a ver estrellas, ahora que el otoño se nos ha echado encima y el invierno está ahí mismo, noto en todos (sobre todo, en los de mi generación) una mirada melancólica al verano que se ha ido y, de paso, a todos los demás veranos que se pierden en la memoria con su distinta longitud: largos, los de la infancia y, cada vez más cortos, los actuales. "Confiados al sol y a las noches de estrellas -se lamentan con el poeta Felipe Benítez Reyes- , / ¿quién diría que ahora oiríamos la lluvia / nuevamente, venida de improviso, cayendo sobre el mar?".

lunes, 19 de septiembre de 2016

Un hombre serio




Siempre me han gustado los hombres serios. Los chicos que me hicieron tilín en mi adolescencia no eran los típicos bromistas que contaban chistes jajaja todo el rato, sino tipos serios a los que les gustaba saber quién era yo y me escuchaban. No les faltaba, eso sí, el sentido del humor. Y, cuando llegó el hombre de mi vida con el que llevo 51 años, también él era un chico serio. Esto no fue obstáculo para que, cuando me vio por primera vez sin conocerme de nada, desde el fondo de la guagua a la que yo acababa de subir, me regalara una sonrisa.

lunes, 12 de septiembre de 2016

¡No le queda nada!




Esta semana mi nieta pequeña, con 3 años, ha empezado el colegio. La noche anterior ella, muy ufana, me enseñó su uniforme, planchadito y colgado en la percha; y, al día siguiente, sus padres, que se pidieron el día libre (como tiene que ser para un evento tan importante), la acompañaron, como a una reina, a su primer encuentro con la dura realidad. Le hicieron fotos antes de entrar, toda sonriente, e incluso después en la clase, desde la puerta. Pero allí. sentada en una mesa con otros tres niños, a todos se les veía serios, perdidos y tan pequeños como a ella.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Una lavada de coco


Cuadro de mi hermana, Chari Duque, con barcas a punto de irse a pescar cabrillas.

"Mira, te voy a contar lo que le pasó a mi amiga Milo, que, como ya sabes, es una pintora fantástica que, allá donde va, lleva los bártulos de pintar, no sea que vea un paisaje maravilloso y se quede sin inmortalizarlo por falta de material. Esa vez que te cuento resulta que fue a la Gomera y descubrió, detrás del hotel, una palmera recortada frente a la montaña, de una belleza tal que los dedos se le fueron veloces a los pinceles y se puso a pintarla como una loca. Pero la tarde ya decaía y unos nubarrones siniestros la hicieron parar y decir: "Mañana, con mejor luz, sigo y termino el cuadro". Esa noche una tormenta de truenos y relámpagos estremeció a todo el pueblo y a la mañana siguiente, limpia la atmósfera y con una claridad sorprendente, Milo volvió a su cuadro inacabado, a sus pinceles y a su palmera ¿Palmera? Ya no había palmera. La tormenta acabó con ella y, a lo mejor, con una obra maestra.

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