lunes, 25 de abril de 2016

Viaje al pasado


Fuente del Monasterio de Poblet en la que los monjes se lavaban las manos antes de entrar al comedor

La semana pasada los dejé descansar sin mi habitual escrito de los lunes porque estuve por tierras catalanas en un viaje que, en muchos momentos, me pareció un viaje en el tiempo.

Hay viajes para ver y llenarte de sensaciones, hasta el punto en que te parece que ojos y oídos no van a poder abarcar todo lo que quieren. Y hay otros -como este último, por el Baix Camp (Reus, Tarragona, el delta del Ebro, la costa Daurada, la ruta del Císter...)- en que los ecos de voces y pisadas antiguas te llevan a épocas ya pasadas.

Anfiteatro y Vía Augusta en Tarragona
En Tarragona, la Tarraco romana, todavía parece oírse el correr de los carros por las arenas de un circo que, sepultado casi completamente por casas y calles, quiere de vez en cuando revivir con gritos de multitudes y sueños de aurigas. Un poco más abajo, los que recorren el trazado de la antigua Vía Augusta se asemejan a aquellos que lo hacían 2000 años atrás. Y las piedras, reutilizadas en casas y catedrales a través de los siglos, nos hablan, como testigos del vivir cotidiano, de los hombres y mujeres que poblaron y amaron estas tierras, a las que la caricia del Mediterráneo dota de afabilidad.

Monasterio de Poblet (mezcla de estilos en sus torres)
En Poblet, en ese maravilloso monasterio, morada última de reyes, el jardín del claustro, abierto y luminoso, tiene una simbología propia que los monjes jardineros han seguido a través del tiempo: en la parte derecha, la más cercana a la puerta, flores azules para significar la sociedad de fuera a la que han renunciado; en el lado de la iglesia las flores blancas representan la espiritualidad; en el de la cocina y el refectorio, donde los monjes comen en silencio mientras uno de ellos lee escritos religiosos, las flores son rojas porque están cerca del fuego y del calor de lo que han escogido como hogar; y en el lado de la Biblioteca, las flores amarillas simbolizan la inteligencia y la sabiduría. Es fácil en este recinto de hace nueve siglos, imaginar los rezos y la vida dura de los monjes del Císter, y oler incluso el humo de los libros quemados en su momento más negro, durante la desamortización de Mendizábal ¿No es posible, acaso, vislumbrar por el rabillo del ojo -y aplaudir- al fantasma de aquel monje, amante de los libros, que escondió en ese momento siete incunables para salvarlos del odio y la estupidez de los bárbaros?

Ventana del Instituto Pere Mata en Reus
En Reus -cuna de Gaudí- y en los pueblos de esta comarca, el sello de los arquitectos geniales del modernismo ("Vendrá gente de todo el mundo a ver lo que estamos haciendo") se ve por todos lados: en las casas y palacetes de los burgueses, en los proyectos ideados e inconclusos que recoge el Gaudí Centre o en el Instituto Pere Mata, el psiquiátrico para ricos que el arquitecto Lluís Domènech i Montaner ideó para la ciudad, con todas las comodidades y lujos posibles, que no oculta, sin embargo, la amargura y la sinrazón que se escondió entre sus muros.

El río Ebro encontrándose con el mar
Mientras recorro las fértiles tierras, las playas doradas, los últimos kilómetros del Ebro en el momento en que se une al mar, veo la obra de muchas manos a través del tiempo: de los pescadores del delta, de los payeses que cultivaban los campos, de los que plantaban los arrozales, de los carreteros que llevaban las mercancías a través de los caminos, de los zapateros, herreros, cordeleros, pastores..., que hicieron posible una vida basada en la tierra y el agua; y también, de las mujeres que cocinaban cocas, escalibadas y dulces de avellanas y almendras, y de los que, después de las cosechas, se reunían a celebrarlo.

Calle de Montblanc
En Montblanc, el pueblo medieval, "el de muros y cantiles, el de casas señoriales y las calles ancestrales, lugar de reyes y princesas, la noble villa ducal" ("Montblanquina" de Josep M. Poblet), las gentes preparan estandartes, gallardetes y banderolas de otros tiempos para revivir torneos y leyendas que nos pertenecen a todos, como la de San Jorge y el dragón. Y me siento en este viaje -pese a esteladas- parte de ellos y de esta humanidad que trabaja, reza, ríe, habla con el vecino, cocina y come con deleite lo cocinado, compite para ver quién cultiva la rosa más hermosa, se regocija ante lo bello y disfruta en las fiestas.

Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

lunes, 11 de abril de 2016

Liarse la manta a la cabeza


Petra Hartlieb en su maravillosa librería

Mi hija, que sabe cuánto me gustan los libros sobre libros, me regaló el mes pasado "Mi maravillosa librería" de Petra Hartlieb, una historia que me encantó. La autora habla en ella de las peripecias que pasaron ella y su marido cuando cambiaron de oficio, de ciudad y de manera de vivir para ser dueños de una pequeña librería: "Hemos comprado una librería. En Viena. (...) Hemos pujado, con un dinero que no tenemos, por una librería que está en una ciudad donde no vivimos. Y la hemos conseguido ¿Y ahora qué?". Ahora todo el mundo les dice que están locos (ellos también lo piensan así), pero, porque aman los libros, arriesgan, arreglan a su manera el local y se convierten en los libreros que ellos querrían para sí. Y a aquel primer día en que la puerta se abre "y empieza a entrar gente que no tiene la menor idea de que estamos a punto de derretirnos a causa de los nervios", le suceden muchos otros de continuo trabajo y de cero vacaciones, pero que les merece la pena. Petra y su marido, Oliver, irradian entusiasmo y goce por lo conseguido. Y su historia nos deja con una sonrisa en los labios porque habla de sueños cumplidos, de trabajar a gusto, de superar desafíos. y también de caer, de levantarse y de volver a caer para seguir luchando por conseguir lo que se quiere.

¿No tendría que ser esto -un trabajo en el que uno se sienta feliz y realizado- lo normal? Pienso en algunos casos de mi entorno familiar y de amigos -personas jóvenes y bien preparadas-, que van por ese camino y que me reconfortan.

Como Elena, que es licenciada en ADE, y que, después de 2 años en paro y de no encontrar un trabajo a su gusto, se ha embarcado con su amiga Cati en montar su propia asesoría. Han alquilado un local y el pasado enero lo abrieron, decididas a arreglarles la vida laboral, fiscal y contable a la gente ¿Problemas? Claro que sí, el primero, que después de acogerse a una Ley de mujeres emprendedoras, ahora no le dan la subvención prometida por la provisionalidad del Gobierno. Pero ahí están las dos, animosas y decididas a luchar contra los elementos. Y, por ahora, van para delante.

O como Liza, que es psicóloga, y que en una reunión se encontró con otras tres que no conocía. Y entonces una dijo: "Algún día montaré una consulta o algo así". Y las otras dijeron "y yo", "y yo", "y yo". Y entonces se miraron y se dijeron: "¿Y si lo hacemos entre todas?". Y desde hace 3 años el Centro de Psicología y Coaching Tenerife Sur "Arbona" funciona muy bien, demostrando que a veces solo hay que dar un pequeño paso para que todo empiece a ser.

Jackie y Sema lo tuvieron peor porque tuvieron que emigrar con los niños hace unos 4 años. Jackie es Licenciada en Inglés y Sema, aparejador, Pero como siempre se les ha dado muy bien la cocina, montaron en Utrech un restaurante al que llamaron -ahí queda eso- "La casita del mojo". Los problemas fueron miles (conseguir permisos, aprender el idioma, los colegios de sus hijos, el alquiler y arreglo del local...), Pero ahora, gracias a ellos, los holandeses saben lo buenos que son  el gofio escaldado, las papas arrugadas, el mojo picón... y también las tablas de ibéricos, las tortillas de papas, el arroz negro o los hojaldres con chistorras. Tienen siempre el local lleno.

Los más veteranos en su trabajo ideal son Michael y Nieves, economistas los dos, que -igual que los protagonistas de "Mi maravillosa librería"- dejaron hace 8 años unos magnífícos trabajos para montar su propia empresa, "Beruby". Yo la llamo una empresa de conseguidores, pero en realidad es un gran centro comercial virtual donde te reembolsan dinero cada vez que compras (y compras de todo: viajes, hoteles, modas, informática, ocio...). Michael me dice que cometieron todos los errores clásicos al principio, pero ahora tienen 14 empleados, mueven 25 millones de euros y tienen 3 millones de clientes en todo el mundo. En este momento están con un nuevo proyecto (Aprendoaprogramar.com) para niños entre 7 y 13 años ¿Y después? A disfrutar y a por otro reto.

Eduardo Sacheri, el último Premio Alfaguara de novela, decía hace poco en una entrevista que a los países los salvan las personas de a pie, no los gobiernos. Conectando con esa idea, Antonio Banderas en "El hormiguero" contaba que, en una encuesta a universitarios andaluces, el 75% hablaba de que su sueño era ser funcionario. En cambio en Estados Unidos, para el 75% de los universitarios preguntados, el sueño era ser emprendedores, es decir, dueños de sus propias vidas, Y Banderas concluía: "Con un 75%  de gente que quiere ser funcionaria no se hace país. Se hace país con gente que se la juega".

Y yo (como Hernández y Fernández, los de Tintín), aún diría más: aunque los funcionarios son necesarios, se hace país con gente que tiene ideas y pelea por ellas y cumple su sueño. Con gente que se lía la manta a la cabeza.

(Por si alguna vez las necesitan, la asesoría de Elena y Cati es LK Asesores en Ctra. Tacoronte Tejina, 19, Tacoronte.
El Centro de Liza y sus compañeras es Centro de Psicología y Coaching Arbona en C/ Modesto Hernández González, 3. Las Chafiras.
"La Casita del Mojo", de Jackie y Sema está en Utrech en una calle de difícil escritura pero que se encuentra en las redes.
Lo mismo para la empresa "Beruby" de Michael y Nieves. Hay abundante información (y hasta artículos de prensa) sobre su web)

lunes, 4 de abril de 2016

Una chica formal



Una de las cosas más divertidas de tener un wasap de amigas es ver al alimón un mismo espectáculo e irlo comentando. El último, la película de Rocío Dúrcal y Enrique Guzmán, "Acompáñame", que puso la tele el pasado Viernes Santo (y de la que ya les hablé una vez aquí). No es que la película sea una maravilla, ni que los actores nos volvieran locas, ni nada de eso. Pero está rodada en Tenerife, cuando todas teníamos 17 o 18 años, y nos tocaba muy de cerca: los paisajes, los extras conocidos, la Universidad, la Rambla...

- Esa que habla en francés, era en realidad una de 2º de Derecho, muy guapa.
- ¡Y ese del bañador azul, mi entrenador de baloncesto!
- ¿Oyeron? "Desde Tenerife, la hermosa capital isleña" ¡Toma ya! ¡Qué desconocimiento de estas islas, señor!
- La película no sólo es mala. Es tonta, tonta...
- Pues a mi me está gustando. Me encanta por los sitios en que se rodó.
- Esa escena final es en el Guimerá.
- ¿Seguro? Porque las barandillas de los palcos no son así.
- ¿Ustedes creen que, entonces, nosotras bailábamos así, como si estuviéramos boxeando?
- ¿Te imaginas hoy en día a alguien cantando que busca "una chica formal"?

Esta última pregunta me la hacía, desde Madrid, mi amiga Belén, que, aunque es mucho más joven, se apuntó al revival. Se refiere a la canción que canta Enrique Guzmán al principio y en la que dice que "aunque no sea fácil" tiene que encontrar una chica formal (y "aunque no sea rica, me tendré que conformar").

Las condiciones que la canción pone para alcanzar el grado ideal de formalidad son: "Quiero que tenga un aire inteligente (no que sea inteligente, fíjense, sólo que tenga el aire ¿?), que tenga clase y vista bien (nada de trapejos hippies: faldita por la rodilla y, si hay que ir a la playa, como Rocío en la escena de la piscina, nada de bikinis: bañador y con una blusita encima para que no se diga), que se distinga siempre entre la gente (y ¡ojo!) y que no sea muy yeyé".

El diccionario define la formalidad como "seriedad, manera sin bromas de obrar" ¿Eramos nosotras chicas formales? ¿Éramos yeyés, signifique lo que signifique eso? ¿Éramos tan pánfilas y antipáticas en nuestras relaciones con el sexo opuesto como Rocío Dúrcal en la película? Al final concluimos que la película no retrata en absoluto a las chicas de la década de los 60. Más que chicas formales, éramos chicas normales, con su punto de informalidad si hacía falta que para eso estábamos en la edad. Y en ese momento fuimos, además, todo hay que decirlo, protagonistas de cambios sociales profundos. La imaginación al poder.  

Y es que para chicas formales la generación anterior, las de los años 40. Entre los papeles de mi padre encontré una estampita de un Cristo con su corona de espinas y todo, fechada en el 41, en la que, según me dijo él, un amor de juventud le escribió lo siguiente (vayan a saber qué proposición deshonesta pudo haberle hecho mi padre a los 20 años que tenía él entonces, pero les juro que nunca he leído un rechazo tan formal):
"Ante la presencia de esta estampa, acuérdate de la muerte y di con San Gregorio: Inmenso es lo que seguirá sin término y poco es todo cuanto fuese. Y ¿cómo no sufrimos cuanto hay que sufrir en esta vida por no sufrir un solo tormento en la eternidad? Pues como dice San Agustín, "mejor es una poca de amargura en la garganta, que eterno tormento en las entrañas"; y nosotros digamos con los siervos de Cristo: muramos ahora a la carne, para gozar siempre los bienes eternos, y despreciemos lo que dicen los necios del mundo cuando exclaman ¡holguémonos ahora!".

Para que no piensen que me lo invento, les escaneo la estampita en cuestión, quitando el nombre de mi padre y de la interfecta, que ¡esa sí que era una chica formal!