lunes, 28 de julio de 2014

El sueño del girasol




Imagínate que eres un hombre soltero y rico que ha hecho su fortuna en América en el siglo XIX y que vuelve a su tierra, en el norte de España, con el sueño de hacerse allí su casa ideal. Amas el pueblo de amplios espacios verdes y casas señoriales, el mar cercano, la tranquilidad y la paz.

Imagínate que le encargas la ejecución de tu sueño a un joven arquitecto,casi desconocido, pero que es un artista genial y sabe perfectamente lo que quieres.

Porque te encanta la música e incluso has compuesto algunas piezas, en tu casa habrá una habitación especial con una acústica perfecta para escucharla y en la que las ventanas, al subir y bajar los cristales de guillotina, producen el sonido de campanas lejanas. Y en las vidrieras del baño, una abeja tocará la guitarra y habrá un gorrión posado sobre las teclas de un piano.

Porque todavía eres joven y tal vez alguna vez encuentres el amor, las barandillas, en hierro forjado, de los balcones del salón tendrán forma de bancos proyectados hacia el jardín perfumado, en los que quizás algún día te sientes con una mujer bella.

Porque eres un soñador, tu casa tendrá un minarete oriental y un templete en la cúspide desde donde te parecerá tocar las estrellas.

Porque eres un amante de las flores, ellas estarán presentes por todos lados. Habrá un invernadero blanco, orientado al sur, para atesorar las plantas traídas de ultramar que coleccionas.  Habrá flores en el jardín pero también grabadas en madera en los techos, esculpidas en los capiteles de la entrada, cubriendo la torre y las paredes, bellos girasoles en cerámica vidriada que llenarán los muros de color. La casa, luminosa  y alegre, es también un girasol e, igual que ellos, seguirá la trayectoria del sol. Por la mañana tu dormitorio estará abierto al este y los primeros rayos te despertarán saludándote. A las 12, el comedor se abrirá al sol del mediodía bañándose con su luz. En el ocaso,  los últimos rayos acariciarán el cenador donde tal vez te reúnas con tus amigos a tomar una copa y a disfrutar de la quietud de la tarde que entra por el ventanal.

Imagínate también que la casa está terminada y lista para ti. Y que la habitas. Y que a los pocos días de vivirla, te mueres.

Me imaginé todo esto cuando la semana pasada estuve por Cantabria. El indiano propietario que no pudo disfrutarla se llamaba Máximo Díaz de Quijano; el arquitecto genial era un joven Antoni Gaudí, vislumbrando ya un futuro de formas redondeadas y de lagartos con ojos de cristal apoyados sobre bancos imposibles; la casa es El Capricho en Comillas, que nunca sirvió al fin y al cabo para todo lo que se había proyectado.

Tanto bregar y no llegar a nada... ¿Son los sueños frustrados menos valiosos porque no se cumplieron? Veo a los dos hombres de 1883 a 1885, los dos años en los que se hizo El Capricho, ideando, creando, poniéndose de acuerdo, visitando (Gaudí sólo una vez) el parque de Sobrellano sobre el que se levantó, piedra y luz, madera y cristal, todo lo pensado, lo dibujado, lo discutido. Y pienso que ese tiempo tiene que haber sido, también para Máximo, una culminación, un dar sentido a los afanes, un periodo de ilusión y creación. Y lo mismo para un joven Gaudí que ya entonces supo interpretar los sueños ajenos.

Todos los que después nos hemos maravillado ante El Capricho tendríamos que agradecer esos dos años pletóricos que nos han regalado algo tan bello, aun cuando pensemos que la casa tendría que haberse llenado de risas de niños, de veladas tranquilas escuchando música, de comidas de domingo, de celebraciones y rutinas, de risas y llantos, de vida. Y no se puede evitar una cierta melancolía al saber que el sol hacia el que mira el girasol lleva más de un siglo iluminando estancias vacías.






































lunes, 21 de julio de 2014

El coach ontológico




Cuando yo estudiaba la especialidad de Filosofía, mi asignatura odiada era Metafísica u Ontología. La Ontología es, nada más y nada menos, la "ciencia de las esencias" o el "estudio del ente en cuanto ente". Nuestro profesor de Metafísica -que tiene, por cierto, una calle dedicada en su pueblo natal de León- nos daba desde lo alto de su tarima clases magistrales que siempre acababan del mismo modo. Sobre cualquier tema, Aristóteles dijo esto, Descartes esto otro, Kant lo de más allá... Y, cuando terminaba de hacer el repaso por los autores, se quedaba un momento en silencio, se ponía una mano en el pecho y, con voz profunda, concluía: "Y la opinión de la Cátedra es...". Y ahí daba él su solución, que era calcadita a la de Santo Tomás.

El libro que teníamos que estudiar (nada de mirar otros, y menos más allá del siglo XIX) lo había escrito él y ha sido el único libro en mi vida que he tirado a la basura al final de curso. Estábamos convencidos de que -como decía Kalikatres, aquel personaje de La Codorniz- la Metafísica era "el tinglado de patalear en el vacío para llegar al ser".


Más tarde me di cuenta de que las preguntas metafísicas son una constante en la existencia humana y de que muchas de ellas fueron las que me impulsaron a estudiar Filosofía y a ejercer esa carrera. Pero eso es otra historia. De lo que quería hablarles hoy es de que, ojeando una revista que vino con "El País" y que se llama "Shopping&Style" (¡Qué fashion, por Dios!), me encuentro un artículo firmado por un coach ontológico. El artículo habla de las vacaciones, de la mirada del otro y de saber escuchar, pero lo que me dejó patidifusa es esa profesión del autor: ¡coach ontológico! Entiendo que "coach" es una especie de asesor, pero... ¿ontológico? ¿Será alguien que habla de las esencias aun cuando trate del verano y el tiempo libre? Para que haya una profesión llamada así, tiene que haberse disparado la demanda de filósofos, oye ¿A que va a ser que, aunque nuestros gobernantes quieren quitarla ahora de los planes de estudio, el mundo se está dando cuenta de que cualquier situación es susceptible de una mirada filosófica? Hasta al ciclista Pedro Horrillo (que estudió filosofía) se le ve el rejo filosófico cuando habla de vueltas, giros y toures.


Hay un montón de famosos que también han bebido de las fuentes filosóficas: Richard Gere, Steve Martin, Harrison Ford, Bruce Lee, Martin Luther King, Shaquille O'Neall (que se llama a sí mismo "el gran Aristóteles negro"), Christy Turlington, Alex de la Iglesia... También Paloma San Basilio, que por lo menos estuvo en mi clase de 3º 2 o 3 veces en todo el año (ella dice que terminó la carrera pero también dice que tiene 2 años menos que yo). Por no hablar de Ingmar Bergman y de Woody Allen que han hecho de las preguntas metafísicas el núcleo alrededor del que giran sus películas. Parece que la filosofía es tendencia, se lleva, es in.

Me gustó lo de "coach ontológico". No sé si apropiármelo y ponerlo como subtítulo del Blog de una jubilada. Podría comentar lo que dijo Menganito o Fulanito y, al final, con la mano en el pecho, decir: "Y la opinión del Coach Ontológico es...".

Ahora que lo pienso, no debería haber tirado el libro de Metafísica a la basura.

(La imagen es "La Pensadora" de José Luis Fernández. Plaza del Carbayón, Oviedo)

lunes, 7 de julio de 2014

Y nos dieron las 2...




No sé si han visto que desde el día 21 de junio, día del solsticio de invierno en el hemisferio sur, los dirigentes bolivianos han cambiado los números del reloj. No es que los hayan cambiado por palos o machanguitos o flores o lunas y soles, como algún reloj surrealista y cursilón que he visto por ahí, no. Han cambiado todos los números de sitio, menos las 12 y las 6, han puesto a la izquierda del 1 al 5 y a la derecha del 11 al 7, han decidido que las manecillas giren hacia la izquierda y se han quedado más anchos que Pancho.

Me imagino a los pobres bolivianos con la cabeza vuelta más loca que cuando a nosotros nos cambiaron las pesetas por euros. No sé si consolarlos con que (aparte de lo caro que nos ha salido esto último) han pasado 12 años y yo todavía sigo traduciendo a pesetas. Me los puedo imaginar en discusiones bizantinas sobre, si el reloj marca las 2, ¿en realidad son las 10 de antes? Si pongo un puchero al fuego 3 horas y lo hemos puesto a las 11 ¿lo tendremos hasta las 8 de la tarde? ¿Cómo se las arreglarán en los llanos andinos las cenicientas y el conejo blanco del país de las maravillas, eternos prisioneros de un tiempo que ahora los arrastra hacia atrás? Y no les digo nada si adaptan al nuevo horario la canción de Sabina "Y nos dieron las 10". Yo lo intenté, así en frío, y del lío que me armé todavía tengo dolor de cabeza.

¡Qué necesidad! Ellos, los políticos dicen que lo hacen como un símbolo de soberanía, antiimperialismo, descolonización y recuperación de la identidad de sus pueblos. Pueblos que, por otra parte, ni medían el tiempo por horas ni tenían reloj, y menos al revés. A mí todo esto me recuerda el diálogo entre aquellos militantes del Frente Popular de Judea que querían derrocar a los romanos en "La vida de Brian" de Monty Python: "Bueno, pero aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos, ¿qué han hecho los romanos por nosotros?".

Hay muchas cosas que separan a los pueblos, pero hay unas cuantas que unen: el vernos todos como seres humanos habitantes del planeta Tierra; algunos valores morales (la compasión, la dignidad, la honestidad...) que todas las culturas comparten; los sentimientos, emociones y pasiones; la música y el arte, y también algunas convenciones universales, entre las que estaba, hasta ahora, el sentido horario, más acorde además con el giro de la Tierra ¿Por qué cambiarlo buscando más diferencias, pagando, además, una millonada en sustituir todos los relojes de las iglesias, de las plazas, de los ayuntamientos, de los parques, de las estaciones, de las personas... cuando hay tantas y tantas necesidades?

Se supone que si los humanos, con lo poco que nos gusta el que nos manden, hemos decidido que haya hombres con poder sobre nosotros y encima les pagamos por ello, es para que organicen la sociedad procurando que todos tengamos una buena casa donde vivir y descansar del trajín diario; que podamos educar a nuestros hijos para que sean lo que quieran ser (incluso políticos); que nos puedan curar los males del cuerpo y la mente; que todo el mundo tenga un trabajo (y no los niños, que en Bolivia precisamente, en nombre de la tradición, pueden trabajar como autónomos desde los 10 años); que las ciudades no sean el reino del caos; que vivamos en un planeta limpio...

Para eso es para lo que están los políticos. Todo lo demás (ya sean relojes al revés o medallas al mérito policial a la Virgen María del Santísimo Amor) no son sino chorradas y majaderías.